Ya nos avisan padres y expertos. Hay que tener mucho cuidado en internet. Si bien la red nos permite conocer personas encantadoras, también supone una puerta abierta a los bandidos más peligrosos. Aunque creamos que, pantalla de por medio, nada podría ocurrirnos mientras navegamos por internet, no es así. Además, la psicología juega un importante papel, y es fácil que un manipulador despiadado consiga volver loco a un joven inexperto. Amenazas , acoso y chantaje son las causas que han llevado al suicidio  a un joven escocés de 17 años. La razón, la grabación de conversaciones con una supuesta chica que amenazaron con difundir.

A Daniel Perry le hicieron creer que se encontraba chateando con una chica de su misma edad a través de Skype, pero no era real. Lo que hacían era grabar la conversación para más tarde chantajearle con enseñar el vídeo a sus familiares y amigos. Daniel no soportó la presión y terminó por suicidarse.

Los chantajistas amenazaron a Daniel  de difundir entre sus amigos y familia un vídeo donde aparecía una conversación de él con una supuesta chica a través de Skype. La condición para no publicar el vídeo era entregarles dinero, pero la presión fue más fuerte que Daniel y terminó por quitarse la vida.

Tras recibir la amenaza, Daniel acudió inmediatamente a un puente y saltó desde lo alto, muriendo en el acto.

Fuente: Telecinco.es

Nunca sabemos de qué manera puede reaccionar la mente humana. Y máxime cuando se trata de niños o jóvenes, cuya corta experiencia, contribuyen  a que, desde su perspectiva, observen los problemas mucho más grandes de lo que son. Cuando somos jóvenes, tendemos a mirar entre sombras cuando somos los protagonista de una historia cuyo desenlace no es muy claro. Tal vez una amenaza, un chantaje, a una persona de más edad pueda robarle el sueño, la calma y causarle problemas que ninguno desearíamos experimentar. Pero, antes de tomar decisiones precipitadas, intentas negociar una salida.

Daniel Perry no llegó a encontrar salida, más que la muerte. Un suicidio como única y lamentable solución al miedo y, sobre todo, pudor que le embargaba. Es de imaginar la absoluta soledad en la que debió sentirse este joven para tomar una decisión tan radical y desafortunada. La angustia que debió vivir, sintiéndose como delincuente cuando no había hecho nada, o al menos nada que justifique un castigo como la muerte. Su único delito, enamorarse. O sentirse atraído por una chica, como cualquier chico de su edad. Y chatear por skype con ella. Nada más inocente que eso.

Vivimos en una sociedad donde los que nos atrevemos a amar, a sentir, a desear, convivimos acomplejados por ser humanos. Mientras que quienes apuestan por el odio, la ignorancia y la falta de empatía, viven felices en su maldad, jugando con la intolerancia y haciendo creer al humano que es un criminal. Cualquiera podría haber sido una víctima en el terreno del amor y de las relaciones personales vía internet. A veces la red, como las armas, las carga el diablo.


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