Una joven brasileña se traga el teléfono móvil para evitar que su novio leyese sus mensajes

Lo que no ha conseguido hacer el hambre, lo ha logrado el miedo al desamor. Una joven brasileña de 19 años, se ha tragado su teléfono móvil ante el temor de que su novio leyera los mensajes que tenía guardados en el mismo. Según la chica, lo hizo por amor, y porque no quería perder a su pareja. Sin embargo, ante una medida tan drástica y desesperada, por lo menos en mi opinión, entiendo que tal reacción sólo levanta sospechas de que muy grave tenía que ser lo que la chica trataba de ocultar. Hasta tal punto de jugarse su propia vida.

El sorprendente hecho ha causado gran asombro entre los familiares y amigos de Adriana Andrade, la joven que tomó la decisión de tragarse su dispositivo móvil porque se sentía acorralada por su pareja, según afirma El Heraldo.

En el hospital donde era atendida tampoco se dejaba de comentar la hazaña que realizó Adriana para poder mantener la relación con su novio y evitar a toda costa que leyera los misteriosos mensajes.

Incluso los médicos que se encargaron de atenderla no pudieron ocultar su deseo de saber qué es lo que hay en ese teléfono que causó tan terrible decisión y la motivó a tragarse el terminal.

Fuente: Telecinco.es

Dirán ustedes que soy cotilla, pero tendrán que admitir que si te sientes acorralado hasta el extremo de tragarte un teléfono móvil, es que algo muy grave podría suceder si la otra persona, en este caso el novio de la chica, desconfía de ti, y peor, si cometes esa locura por evitar la lectura de tales mensajes.

Yo, de ser el novio, desde luego que cortaba con ella inmediatamente. ¿Qué será lo que oculta? Desde luego que nada bueno puede ser, y menos todavía, es el estado mental que debe tener alguien que reacciona de esa manera.

Víctimas de la tecnología.

Hasta los médicos están asombrados de la imagen que les ha mostrado la radiografía. Esto pasa por embustera, por infiel, y también porque para qué negarlo, somos víctimas de la tecnología. Desde luego que quién esté libre de pecado, que tire la primera piedra, y todos hemos querido ocultar en algún momento de nuestra vida alguna que otra travesura.

Sin embargo, antiguamente gozábamos de la privacidad que nos regalaba esa “desventaja” de no tener un dispositivo que dejase grabadas nuestras huellas delictivas, pues tan sólo eran palabras que, ya sabemos, se las lleva el viento.

Y si acaso había románticos o amantes atrapados por las circunstancias, ya fuesen geográficas o de otro tipo que les obligase a las comunicaciones a distancia, el soporte apenas era una digerible hoja de papel en forma de nota amorosa, sin duda, mucho más fácil de tragar que un celular. Pero en fin, gajes del progreso.


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