Aunque se piensa que cuando rechazamos un alimento es que somos quisquillosos con la comida, y siempre tenemos, cuando somos pequeños, a las madres detrás nuestra obligándonos a tomar aquéllos alimentos que no nos gustan, la verdad es que la ciencia tiene explicación a por qué razones hay alimentos que nos gustan, y otros que repudiamos desde un primer momento. Es cuestión de las papilas gustativas y de genética. Cuando nos hacemos mayores, nos creemos que nos gustan más alimentos, pero es sólo cuestión de costumbre y educación el comerlas, no porque nos gusten en realidad. Al menos, eso dice la ciencia.

Los científicos han investigado las diferencias genéticas y han agrupado a las personas en tres grupos: los “degustadores”, los “superdegustadores” y los “degustadores regulares”.

Los superdegustadores suelen tener una mayor correlación con los genes que codifican los receptores de las papilas gustativas, que son las encargadas de identificar los componentes armagos.

Y por eso tienen una fuerte aversión a alimentos amargos como las coles de bruselas o el brócoli.

El olfato también influye mucho.

Fuente: BBC

Ya lo saben, si tienen hijos, dejen de torturarles cuando se nieguen a comer lentejas o cualquier otro plato. No es que no les obligen a seguir una dieta equilibrada y completa, así como variada, pero al menos, no les criminalicen por el hecho de mostrarse reticentes, es ya lo ven, una cuestión biológica, o de genes.

Dicen los investigadores que, con el tiempo, a medida que cumplimos años, vamos ampliando la lista de alimentos que comemos, pero sugieren que no es porque realmente disfrutemos tomándolos, sino porque socialmente está mal visto la manera en que comemos si somos quisquillosos. Por lo tanto, una vez más, los niños no son malos, ni traviesos, ni inconscientes, simplemente, sinceros.

En mi caso, estoy en acuerdo parcial con la teoría de los alimentos amados/amados. Es cierto que, en el caso de las verduras, por ejemplo, tengo que confesar que comencé a adorarlas, falsamente, cuando llegué a la adolescencia. Aquí, como es lógico, quise perder peso, y entonces, como excusa para justificarme ante mis cambios dietéticos dije a mi madre que me apasionaba la verdura, estaba riquísima. La verdad, es que las comía por necesidad, pero gustarme…eso no.

Con los años, será la costumbre, sí que me gustan y las disfruto al comerlas las verduras. Aunque la verdad es que donde se ponga un pastel, o un bocadillo, que no siempre son permitidos en la dieta, y menos como menú principal, pues para qué nos vamos a engañar! Sin embargo, en otros casos, sí que han cambiado mis gustos.

Cuando era niña, al contrario que el resto, yo siempre bicho raro, no soportaba los macarrones y los spaguetis. Me daban mucho asco, me hacían revolver el estómago. Al cumplir años, comenzaron a gustarme más, y ahora los disfruto los buenos platos de pasta. Y, de nuevo para diferenciarme, me gustaban mucho las lentejas. Y ahora, en edad adulta, me siguen gustando.  ¿Y a tí qué te gusta/disgusta?


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