Recientemente, la Reserva Federal de Estados Unidos ha querido cambiar los billetes de 100 dólares y emitir nuevos papeles, los cuales poseen medidas de seguridad extra. Y mucha preocupación deben tener acerca de las falsificaciones de billetes, ya que se han esmerado para ponerle muy difícil a los delincuentes hacer la jugarreta. Lo han logrado, gracias las nuevas tecnologías. Y no sabemos si habrá algún listo, aunque seguro que sale alguno, que sea capaz de falsificar el nuevo billete. Pero si lo hay, desde luego, que va a tener una tarea muy laboriosa. Al billete no le falta ni un sólo detalle.

Tiene una cinta azul tridimensional y un logo de la Campana de Libertad y un tintero que, según las autoridades, son particularmente difíciles de replicar.

Estas nuevas medidas se combinan con otras tradicionales, como una filigrana y un hilo de seguridad grabado que se vuelve color rosa bajo luz ultravioleta.

El desarrollo del nuevo billete tomó más de una década y su introducción estuvo plagada de problemas de producción que demoraron su circulación casi tres años.

La cinta de seguridad azul brillante tridimensional -que se teje, no se imprime- cuenta con imágenes que se mueven en sentido contrario al ángulo en el que se inclina el ejemplar.

Fuente: BBC

Aunque recelosa, eso sí, admiración al fin y al cabo. Este es el sentimiento que me han despertado siempre los falsificadores y tramposos. Y es que en suma, hay que reconocer que son unos artistas con una habilidades asombrosas. Diciendo esto, me acuerdo de compañeros de facultad. Que lograron sacarse las asignaturas a base de chuletas. ¡Pero qué chuletas! Los más prudentes, no queríamos sentarnos cerca suya los día de exámenes. El resto, se los rifaban.

El tema de las chuletas, todavía, aunque con mucha picardía y y caradura, tiene su explicación, y es que la ansiedad nos limita mucho en los exámenes. Aunque para ansiedad, no precisamente la de estos alumnos artistas de la chuleta. Pero el que no haya hecho pellas, o copiado, o buscado ayuda en alguna ocasión a lo largo de su vida estudiantil, que tire la primera piedra.

Más complejo me parece el lado de los falsificadores de obras de arte. La explicación en este caso también es sencilla, y se llama dinero. Y es que se pagan cifras millonarias por una obra de arte que, hipotéticamente, o es auténtica, o lo parece. Aunque siempre sería mejor, que ese arte que tienen los falsificadores lo emplearan en labrarse su propio nombre como artistas.

En cuanto a los billetes antifraude, no me cabe la menor duda de que tarde o temprano, aunque más bien pronto, circularán billetes de 100 dólares falsos. Yo, cada vez que voy a hacer una compra y saco un billete de 50 euros, cosa que no sucede a menudo, me echo a temblar cuando la dependienta saca la máquina antibilletes falsos y se pone a analizar mi pago. Porque yo no falsifico billetes pero, ¿y si ha llegado hasta mí un billete falso? Menuda faena, y menuda verguenza.


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