Cambia el destino con una cirugía plástica en la línea de las manos

Nos pasamos la vida queriendo cambiar nuestro destino, aunque muchas veces no tenemos muy claro de qué manera podemos hacerlo. Si para los brujos y adivinadoras el futuro puede leerse en las manos, un cirujano plástico japonés ha encontrado la solución. Cambiar el destino mediante una cirujía plástica en la línea de las manos. ¿Será así de sencillo? Aunque a primera lectura pueda parecer absurdo, lo cierto es que sí. Según un quiromántico consultado por el propio doctor, cualquier alteración de las líneas de la mano, se refleje al ver su futuro. No obstante,  para algunos cirujanos, se trata de una operación arriesgada.

El procedimiento parece sencillo: con un láser, Matsuoka intenta dibujar unas líneas similares que se acomoden a las peticiones del cliente.

Después, sólo hay que esperar un par de semanas para ver los resultados.

“Si no tienen una línea de matrimonio, significa que no se van a casar, así que mi trabajo es hacer una”, dijo el cirujano.

Por su parte, los hombres se someten al tratamiento para cambiar algo menos romántico: quieren dinero y fortuna en los negocios.

“Un corte, una herida, deja una vibración que de alguna manera afectara a una persona. Ahora, cuando lo hace de forma deliberada, no sabemos qué efecto pueda tener”, dijo.

Fuente: BBC

Cuántas veces me habrá parado una gitana en las calles céntricas de Sevilla y, ofreciéndose a regalarme romero a cambio de nada, se ha empeñado en no soltarme la mano hasta haberme leído la buena suerte. La bromita, personalmente, no me hace la menor gracia. Y es que a demás del dineral que la supuesta quiromante intenta sacarte, cifra siempre desorbitada por inesperada por los novatos, la gitana en cuestión no acierta ni una.

En cierta ocasión una de estas mujeres llegó a provocarme un tremendo cabreo. Y es que, si me gusta hacer uso de la amabilidad y la empatía cuando alguien se ofrece a regalarme algo, y para qué negarlo, prefiero evitar conflictos cuando hay amenaza de malas vibraciones de por medio, también es verdad que detesto profundamente que me vean cara de tonta. Aquélla tarde hacía calor, como cada verano de infarto en el sur de Andalucía, no había ni un santo por la calle, más que estas señoras que, como buenamente pueden, se buscan la vida. Pero con menuda caradura!

Como toda novata, piqué. Y en mi timidez, acepté el romero y le pagué con una moneda. Entonces la buena señora vió el cielo abierto, al tiempo que yo me encontré en el infierno con ella en mitad de la nada de una tarde solitaria de verano a pleno sol. Me prometió el oro y el moro con la lectura de las líneas de las manos (en las mías, en este caso). Y luego me quiso cobrar 10 euros para hacerme cosas buenas. De entrada, no acertó ni una. Y de salida, me repetía que no le pusiera precio a mi felicidad. Pero será caradura! Precio, me decía, y era ella la que quería sacarme 10 euros a toda costa por hacerme feliz.


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