Tener amigos bromistas puede ser peligroso, y también divertido y hasta beneficioso en sí mismo. Sobre todo si te gusta la cerveza y te sucede como al neozeolandés Russ, que cuando llegó a su casa y abrió los grifos, comprobó atónito que de ellos ya no brotaba agua, como es habitual en un grifo, sino que emanaba una sustancia más dorada. No se trataba de oro aunque bien podría serlo para el paladar de quien le guste, y es que de las cañerías, salía cerveza. Cerveza hasta en la ducha, que por cierto, es buena para el pelo.

Resulta que lo amigos de Russ decidieron hacerle una broma y alterar todos los caños de su casa para que cada canilla quedara conectada a un barril de cerveza. ¡Hasta de la ducha salía alcohol!

Los amigos se escondieron en la casa para ver la reacción de Russ, y, cuando ya no pudieron contener más la risa, se mostraron y le dijeron la verdad.

Fuente: Noticias Locas

Radiante de felicidad. Así estaría Hommer Simpson, si en lugar del incondicional Lennin, tuviese como amigo a los audaces y traviesos amigos de Russ, un joven de neozelanda que al llegar al piso, vió cómo de sus grifos ya no salía agua, como es lo lógico en cualquier hogar, sino espumosa y alcohólica cerveza. La rubia, como la llamamos en España. Y qué rubia. Tan espectacular como locos que son los amigos de Russ. Sin duda han tenido que ser los más traviesos del colegio y los más gamberros del instituto. Menudo peligro imaginarles en la Universidad.

Y realizada la maniobra, de cambiar las cañerías para conectarlas, todas las de la casa, a un barril de cerveza, tocaba esconderse y disfrutar de la broma. La cara de canelo del pobre Russ a llegar  a casa. No sabemos qué debió pensar, si que un fenómeno paranormal se había apropiado de la estancia, o que estaba reviviendo viejos sueños americanos de enontrar el valiosísimo petróleo en tu propia vivienda. Eso sí, en este caso, un petróleo rubio, reluciente como el oro. Con aroma a fiesta, y un sabor que hace las delicias de sus aficionados.

Si pasó miedo o, por momentos descubrió el entuerto Russ no lo sabemos. Lo que sí parece es que al final, una vez resuelto el enigma e porque tenía grifos de cerveza cuando los amigos salieron de su escondite ahogados por la risa, es que la broma no le pareció ni mucho menos insultante, más bien todo lo contrario, un piropo, un regalo. Y es que, si alguna te han invitado a una cerveza que te ha sabio a gloria bendita, no todos los días le traen a uno el bar a casa. La canción díce “Ójala que llueva café en el campo”, y quién sabe. De momento, es posible que llueva cerveza. Sólo necesitas unas habilidades de fontanería y unos amigos algo traviesos. La diversión está servida.


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