Científicos españoles dotan de cerebro a Hyper, el exoesqueleto español

En un futuro no muy lejano, los robots no sólo devolverán la movilidad a personas paralizadas, sino que además les ayudarán a curarse. Esa es la idea que preside el proyecto Hyper, un consorcio de científicos, médicos y empresarios españoles que está desarrollando el primer exoesqueleto para rehabilitar la movilidad de piernas y brazos. El objetivo es desarrollar prótesis robóticas para ayudar a moverse a los pacientes, incluir sistemas para estimular su musculatura y, más difícil todavía, explorar formas de que sean ellos mismos los que muevan los dispositivos usando su propio cerebro.

“Cuando alguien pierde la movilidad en los brazos o las piernas, su cerebro se olvida de la parte lesionada y, en unos seis meses, pasa a ser incapaz de dar la orden de coger un vaso de agua de la mesa, por ejemplo”, explica a Materia Ángel Gil, responsable de las pruebas de Hyper con pacientes que sufren lesiones de médula espinal. La médula que discurre por el interior de la columna vertebral es la encargada de distribuir las órdenes del cerebro por todo el cuerpo generando movimiento y enviando de vuelta las sensaciones de tacto y sentido necesarias para coger ese vaso de agua. Por eso el primer paso hacia prótesis controladas por el propio paciente es estudiar su cerebro para averiguar cómo volver a generar y transmitir las órdenes adecuadas.

Gil trabaja en el Hospital Nacional de Parapléjicos, en Toledo. Para llegar a su despacho hay que atravesar parte del gimnasio, un polideportivo con una cancha de baloncesto en el que retumba el barullo de decenas de pacientes haciendo ejercicios usando barras laterales, balones, pesas… De este gimnasio han salido varios jugadores de la selección española de baloncesto en silla de ruedas, jóvenes en buena forma física que, en algunos casos, quedaron postrados en una silla de ruedas tras accidentes de tráfico.

Por primera vez desde hace muchos años, el perfil de aquellos jóvenes ya no es el más común en este centro, que es el hospital público de referencia en España para el tratamiento de la lesión medular. La mayoría de las lesiones de médula ya no las causan los accidentes de tráfico, sino enfermedades crónicas como el cáncer, e incluso las caídas han superado a los accidentes como causa de las lesiones. La crisis económica y el avance del paro también se están notando: hay muchos menos lesionados por accidentes laborales que durante la burbuja del ladrillo. Todo esto tiene su eco en el departamento de Gil, una de las salas que hay más allá del gimnasio donde algunos pacientes cambian las barras y las pesas por exoesqueletos experimentales.

“Cada vez hay más paraplejias bajas, lesiones de médula parciales en las que no se pierde del todo la movilidad de los músculos y eso significa que nuestro número potencial de usuarios va a ser mayor”, explica el médico.

El exoesqueleto Hyper es híbrido. Al contrario que los miembros robóticos que hay en el mercado, su movimiento no sale sólo de una máquina. La prótesis incluye parches que aplican corrientes eléctricas a los miembros del paciente. Esas corrientes activan los músculos y permiten aprovechar la fuerza para generar movimiento. El resultado, dicen sus creadores, es un miembro robótico que se mueve “de forma más natural que los dispositivos basados únicamente en máquinas”. Y en este caso, ser híbrido también supone ahorro: “El sistema pesa menos que otros, lleva menos baterías y menos motores”, explica Antonio José del Ama, un ingeniero industrial que trabaja con Gil en el departamento de biomecánica desarrollando el exoesqueleto. “Este trabajo se me ha ido metiendo en vena porque puede lograr cosas que ninguna otra tecnología hace por sí sola”, confiesa.

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Esta noticia es muy esperanzadora, pues hay millones de personas con lesiones medulares en todo el mundo que no pueden caminar y valerse por sí mismos.

No hay que engañarse. Esta tecnología está aún en pañales. Los exoesqueletos son muy primitivos y la “mochila” que deben llevar los pacientes nos recuerda a los ordenadores de hace cincuenta años, que ocupaban varias habitaciones.

No nos cabe duda de que en un futuro no muy lejano, quizás a 10 o 2o años vista, existirán exoesqueletos muy sofisticados que se ajustarán a los miembros de los pacientes y lo que hoy es una mochila cargada con batería y componentes electrónicos, seguramente reducirá su tamaño drásticamente.

El resultado será que millones de parapléjicos de todo el mundo podrán caminar gracias a estos artilugios, que deberán estar financiados de alguna manera por los sistemas de seguridad social de los países para que pueden estar al alcance de todo el que los necesite.

No sabemos qué llegará primero, los exoesqueletos avanzados o la curación de las paraplejias mediante la utilización de células madre.

Está claro que la técnica de reparación de la médula a través de la utilización de células madre sería lo ideal, pero mientras llega este gran avance en la medicina, que seguro que llegará, los exoesqueletos pueden ser una solución de transición, si se desarrollan con la suficiente rapidez.

Los exoesqueletos no sólo tienen aplicaciones en la medicina para hacer que las personas con limitaciones de movilidad puedan hacer vida normal. El ejército norteamericano desarrolla desde hace tiempo prototipos de exoesqueletos militares destinados a aumentar las capacidades físicas de sus soldados, pero esta es otra historia.


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