Cuando Lamenda Kingdon estaba sentada en el asiento del avión que la llevaba hacia sus vacaciones soñadas, descubrió casi por casualidad que se había equivocado de avión, o mejor dicho, la habían equivocado. Porque fue al comprar los billetes para viajar a la provincia de Granada, en el sur de España, que la persona que le tomó los datos cometió el error y le entregó unos pasajes de avión equivocados. El error, en este caso, ciertamente es perdonable, y es que pronunciación es similar al nombre de la isla caribeña, también Granada. Lejos de enfadarse, la señora ha recibido muchas ventajas.

La señora Kingdon había almorzado y disfrutaba de un gin tonic, cuenta este diario, cuando un breve diálogo con la ocupante del asiento contiguo puso el error al descubierto. Al comentar que estaba deseando visitar España y recorrer la Alhambra, la otra mujer le advirtió de que se encontraba en el vuelo equivocado y avisó a una azafata.

La protagonista del extraño periplo asegura que no está molesta y sí, en cambio, encantada con el trato de la compañía, que ha restituido los puntos que había gastado la mujer en un viaje de 10 horas, frente a las 2 necesarias para volar de Londres al sur de España. Con un extra de puntos para que pueda poner rumbo a su próximo destino: Nueva Zelanda.

La historia de la señora Kingdon todavía incluye un capítulo adicional. Y triste: este afán viajero forma parte de una lista de cosas que hacer antes que morir. Diagnosticada de doble cáncer, de pulmón y cerebral, y con su marido fallecido, ha decidido cumplir sus sueños pendientes.

Fuente: Elsolonline

La noticia a simple vista despierta una sonrisa y hace que uno quiera recoger del baúl de los refranes aquél de “Que no te den gato por liebre”, que ha sido lo que en parte le ha sucedido a esta mujer británica. Sin embargo, al final de las líneas, la sonrisa se entorna tristeza y pesar, y es que si bien Lamenda va a disfrutar maravillas de su recorrido por el mundo, no lo hace por un golpe de suerte, sino como una despedida dulce. Y es que sus viajes, a los que hay que sumar este roce aéreo por el Caribe aunque no llegase a aterrizar en sus tierras, son un punto más a borrar de una lista de últimas voluntades.

A los humanos nos encanta eso de hacer listas. Y aunque raramente seamos capaces de cumplir luego con ninguna de ellas, al menos en mi caso, cuando a uno le dicen que la vida se acaba, todo cambia. En ese instante, las listas se convierten en el único motor de tu día a día. Dicen que Lamenda se tomó con humor su anécdota, ya que la compañía la trató fenomenal. Y no es para menos. Cuando el reloj corre tan deprisa, no merece la pena amargarse la vida. A fin de cuentas, ninguno de nosotros sabemos qué peripecias nos esperan a doblar la esquina.


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