No es la primera vez que sucede, una canción, normalmente con cierto ritmo y que roza el absurdo pero que es pegadiza, se propaga como un virus por la red. Pero lo peliagudo no es que se propage y haga famoso a sus creadores o intérpretes, sino que la razón por la cual se propaga es precisamente por su efectivo contagio, enseguida, todo el mundo queda enfermo del virus del vídeo en cuestión. Salen copias, y copias, y todo el mundo, parece querer convertirse en protagonista del fenómeno. Hasta que surge otro fenómeno diferente, aunque igual de absurdo. El ejemplo, “The cup song“.

El nuevo fenómeno que está siendo moda en la red se consiste en realizar una coreografìa con unos vasos junto a la canción de la cantante Anna Kendrick, Cups.

Esta tendencia nació a partir de una escena de la película Pitch Perfect, en donde la actriz Anna Kendrick, golpea rítmicamente un vaso de plástico y aplaude mientras interpreta un fragmento de la canción “When I’m Gone”. Con el paso de las semanas, la cancioncilla folk-pop fue popularizándose y ocupó los primeros lugares en las listas de videos musicales, ventas en iTunes y en la radio de los Estados Unidos.

Fuente: Elsolonline

Dicen que para realizar esta coreografía con vasos que acompaña a la canción de Anna Kendrick, hay que ensayar y poner esmero. Vaya que no es cosa fácil, pese a que lo parezca a juzgar por el ritmo que lleva su difusión y su clonación ilimitada. Bueno, más bien, no es clonación, aunque lo parece, sino que cada grupo le aporta su propio estilo. Sinceramente, nunca entendí estos fenómenos que se imitan hasta la saciedad como si sus creadores fuesen a revolucionar el mundo. Afortunadamente, la fiebre termina pasando al cabo de las semanas.

El lado positivo es que la gente se esmera, y aunque cueste creerlo, a este arte de imitar una cancioncilla pegadiza en afán de acaparar la mayor atención mediática, se le llama talento. A fin de cuentas, es una competición. Supongo que parte de ese instinto animal nuestro que, aunque queramos esconder, seguimos conservando y que nos empuja a la lucha a muerte por el liderazgo de la manada, aunque sea a ritmo de golpes y payasadas.

El lado negativo, es que observando la facilidad de imitación que poseemos, el asunto se antoja peligroso, pues somos fáciles de satisfacer, y nos conformamos con bastante poco. Con estos resultados, no veo tan lejos que en unos años los androides nos superen o hasta sustituyan, si a fin de cuentas, ya somos máquinas, clones, puros muñecos imitadores, como marionetas manejadas por las mayores simplezas.

Lástima que lo que los gentes copian y los adultos admiran, sea “The cup song”, ya que podríamos sacarle mayor provecho al talento, pugnando por imitar a un científico, un médico excepcional o un periodista de primera. La sociedad lo agradecería. Porque a este paso, lo que cuenta Iker Jimenez va a ser cierto, el hombre camina hacia atrás en inteligencia.


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