Dos científicos de la universidad de Washington mantienen sus cerebros conectados a través de Internet

Si decimos que un ordenador es como un gran cerebro, dentro de poco, el concepto cobrará mucho más sentido del que pudiésemos imaginar, y es que ya no es necesario tener una pantalla delante para estar conectado con otras personas, ni siquiera hablamos de las tabletas, móviles de última generación u otro aparato tecnológico aún más pequeño y avanzado que esté por inventar, sino de nuestro propio cerebro como herramienta base para interactuar los unos con los otros. Eso sí, sin abandonar la era cibernética, ni mucho menos. El futuro es de los cyborgs. Y  dicen que sin métodos invasivos. Basta con que dos personas mantengan sus cerebros conectados a través de ordenadores, e incluso a través de Internet.

Para su demostración usaron un videojuego. El investigador Rajesh Rao consiguió que su colega Andrea Stocco presionara el botón del teclado cuando él le transmitió la indicación enviándole una señal de su cerebro a través de internet. Rao estaba sentado viendo en una pantalla el desarrollo del videojuego. En la cabeza llevaba el interfaz, un gorro con electrodos, que estaba unido a una máquina de electroencefalogramas como la que usan los médicos para registrar la actividad cerebral desde el cuero cabelludo.

Su colega Stocco estaba en otra sala del campus, con su mano derecha colocada encima del teclado y su dedo índice sobre la tecla para accionar el videojuego. En la cabeza llevaba un gorro de nadador en el que se había colocado un dispositivo para aplicar una técnica terapéutica denominada estimulación magnética transcraneal. El dispositivo se dispuso encima del área cerebral que controla el movimiento de la mano derecha. Cuando recibió el estímulo procedente del cerebro de su colega, presionó la tecla con su dedo. Según describió, sintió como un tic nervioso.

“Internet es un método para conectar ordenadores, y ahora puede ser también una vía para conectar cerebros”, ha declarado Stocco.

Ante los temores que este tipo de avances tecnológicos suscitan en muchos ciudadanos, los investigadores sostienen que el objetivo de su trabajo no es controlar a la gente ni obligarles a realizar acciones contra su voluntad, pues siempre se requiere su participación voluntaria. Pensar lo contrario, afirman, sería sobreestimar las posibilidades de la tecnología.

Fuente: ElMundo.es

Mientras personas que, por desgracias de la vida están incapacitadas para comunicarse como el resto de la gente, mediante la voz, los gestos y haciendo uso de todo ese repertorio de sensaciones e impresiones que nos ofrece la comunicación no verbal, hay otros que sueñan con comunicarse sin necesidad de mover ni un dedo, vaya, ni la boca, simplemente con el pensamiento.

Me pregunto qué pensará en el fuero interno de genios como Stephen Hawking, en relación a esta posibilidad ya existente de permanecer quietos, como cuerpos inertes, mientras nos intercambiamos información con nuestro compañero o nuestro amigo.

Utilidades.

Es evidente que el invento de tener los cerebros conectados tiene su utilidad, sin embargo, el morbo con el que lo sacan a la luz, arroja una imagen lejana del servicio social que puede tener el estar conectados de esa manera tan poco usual.

Más bien nos recordaría  a un tipo como Hommer Simpson, cuya pereza extrema le lleva a desear la “suerte” de los ancianos que se alimentan con sonda, para no tomarse el esfuerzo ni siquiera de masticar.


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