Contagioso o no pero se difumina a la velocidad del más peligroso de los virus. Según un estudio llevado a cabo por la Universidad Beihang de China, el enfado es una emoción influyente, de hecho influye muchísimo, especialmente sirve para llamar la atención, y en las redes sociales funciona como la pólvora. Un pequeño enfado estratégicamente publicado puede provocar el estallido de una gran bomba de consecuencias inimaginables. Es el poder de nuestras emociones, y el poder de las redes sociales.  ¿Asistiremos a futuras revoluciones sociales en twitter? De hecho, ya lo hemos vivido

Un estudio de la Universidad Beihang de China revela que el enfado es la emoción más influyente en las redes sociales, y sugiere que es más probable que se vuelvan virales y que adquieran difusión aquellos mensajes y tuits que muestran enojo e irritación hacia noticias y acontecimientos. Las conclusiónes se extrajeron a partir de 70 millones de mensajes publicados por 200.000 usuarios en la red social Weibo, una plataforma de microblogging China equivalente a Twitter.

Fuente: Muy Interesante

Según estos científicos chinos, setenta millones de mensajes de doscientos usuarios diferentes muestran que el enfado se transmite en la red social del momento, en twitter. Para nosotros, este dato revelado por el estudio indica algo más. No sólo deja en evidencia el entusiasmo que nos provocan las redes, lo solidarios que somos para la queja vía internet, y el enorme poder de transmisión de la red. Aparte claro de remarcar la importante habilidad de influir que tenemos los usuarios por medio de una pantalla.

También, a mi entender, da muestras de una realidad más y ciertamente triste: vivimos mosqueados. Si esos datos son verdad, vivimos en una constante queja y somos profundamente inconformistas. No aceptamos la frustración. Una realidad que ya sospechábamos, pero queda confirmada con esta investigación. ¿Acaso no hay publicaciones bonitas, optimistas y solidarias que compartir?

Los psicólogos ya nos vienen hablando de esto hace tiempo. Y con el contexto de crisis, la situación no hace sino ir en aumento. No es sana una sociedad donde sus miembros están enfadados. Y si bien es pernicioso para la salud ser un absoluto conformista, el hecho de no encontrar placer en nada y estar siempre viendo negro hasta el surco más animado del arco iris es una enfermedad peligrosa. Y lo más peliagudo del asunto es precisamente el que exponemos en estas líneas: que el pesimismo, se contagia, se extiende y pudre a la sociedad.

No obstante dentro de todo lo malo hay algo bueno. Y hasta en las noticia más pesimista sucede esto. Al menos, que no es poco, sabemos que tristes, contentos, o especialmente mosqueados, siempre habrá álguien al otro lado de la red para hacernos compañía en nuestro inconformista deseo de no estar nunca contento con nada. En vistas al futuro, habrá que inventar una vacuna contra el pesimismo, pues de hecho, lo vemos que se ha convertido en una cepa sumamente peligrosa y contagiosa.


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