Lo confesó a micrófono abierto por error, aunque conociendo al Presidente, sabemos que no hubiera tenido ningún reparo en contarlo públicamente, pues ya sabemos de su afición a mostrar o aparentar una total transparencia hacia su vida personal de cara a sus ciudadanos. Ahora ya todos sabemos que  lleva séis años sin fumar, y pese a que pese a que se muere por un cigarrillo, Obama no fuma por miedo a su esposa. Broma entre amigos o realidad, esta confidencia accidentalmente hecha pública, no sabemos cómo habrá sentado a Michelle. De momento, le prohíbe fumar.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, sostuvo una charla informal este lunes con un funcionario de Naciones Unidas durante la Asamblea General en Nueva York, a quien le confesó que abandonó el hábito de fumar debido al miedo que le tiene a su esposa Michelle.

Los micrófonos abiertos permitieron escuchar la conversación en la que Maina Kiai -relator especial de la ONU- reconoce ante Obama no haber abandonado la adicción por completo, a lo que el mandatario contesta que lleva unos seis años sin probar un cigarrillo.

Fuente: BBC

Si es asimilable que un Presidente de los Estados Unidos tan preparado como y espabilado como es Obama, tenga el descuido de airear sus asuntos sin fijarse en el estado del micrófono, pues no puede estar uno al pendiente de todo constantemente, mucho más enigma nos causa sin embargo el enorme poder de convicción que ha de tener la Primera Dama para haber conseguido semejante propósito.

Obama no fuma por miedo a su esposa. Sin embargo, cuántos maridos habrá repartidos por el mundo, probando mil métodos para abandonar el nefasto vicio del tabaco, y que ni su mujer, ni su médico, ni siquiera sus hijos, y ni tanto la amenaza de un terrible cáncer de pulmón han conseguido alejar de la humareda.

Ya lo sabemos y, además, con la seguridad de un secreto de estado, que no lo ha dicho Obama, se le ha escapado sin darse cuenta. Fumadores del mundo, si lleváis años intentando dejar la nicotina sin éxito, es que no habéis dado con la clave del asunto. El método de Obama para no fumar es su esposa Michelle. Así de sencillo, barato y accesible. Nada de parches, acupuntura ni sesiones de hipnosis costosas y aburridas.

¿Qué opinarán las tabacaleras si es verdad que la palabra de un presidente influye tanto en el hacer de los ciudadanos? Mañana, todos los fumadores, tirando sus cajetillas a la basura. Y si no, llamamos  a Michelle Obama. La fantasía, que juega lo suyo, ya imagina a la podre Primera Dama perseguida por un ejército de fumadores empujados por sus esposas para lograr poner fin a su mal hábito. Como a Benedicto XVI cuando era Papa le seguían los gatos hasta el Vaticano, a Michelle la seguirán los fumadores, haciendo cola en la Casa Blanca.


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