El Real Madrid gana dos veces seguidas al Fútbol Club Barcelona en una semana

El Clásico, por cierto es bienvenido el día y a la hora que sea, dejó patente que el Barcelona no está, no es el mismo que sumó 18 victorias y un empate en la primera vuelta del campeonato. El equipo azulgrana ha perdido velocidad y confianza. El toque preciosista de antes ha pasado a ser toque plano y aburrido. Mientras, Mourinho dejó patente que la prioridad estaba en Manchester pero en ningún momento quiso tirar el partido y sí administrar a sus jugadores y demostrar que este Real Madrid a día de hoy ha adelantado al Barcelona, por mucho que les pese a los puristas del fútbol. Quizás no en eso de tratar al balón con delicadeza, pero sí en convencimiento a la hora de jugar al fútbol. La victoria llegó con el gol de Sergio Ramos, pero bien podía haber sido con las oportunidades de Morata o con la que Cristiano Ronaldo estrelló el balón en el larguero. Eso sí, en la última jugada del partido, los azulgrana rodearon a Pérez Lasa pidiendo penalti de Ramos sobre Adriano, que bien podría haber significado el empate. Y fue penalti.

El portugués demostró, con su simple salida a calentar, que es capaz de despertar a una afición dormida y amedrentar a un rival como el Barcelona. No marcó, pero su presencia en el terreno de juego fue decisiva para que el partido terminara con victoria del Real Madrid. En el otro lado, Messi marcó, pero no se tuvieron más noticias de él durante el resto del partido. Anduvo sobre el césped, no corrió en ningún momento, como perdido, pero también es cierto que la que tuvo, la metió.

El Real Madrid salió al césped como si todavía se tratara del partido del pasado martes en el Camp Nou. Enchufado es poco. Saltó con ganas de sentenciar en diez minutos y ponerse a pensar en el United. Mientras, el Barcelona demostró que todavía seguía conmocionado de ese golpe copero recibido en todo el mentón y que le había hecho perder la conciencia durante un par de días. Si Villa se tropezaba en la primera carrera que dio y Benzema se mostraba ‘extrañamente’ lento tras un gran taconazo de Kaká, al francés no le quedó otro remedio que empujar a la red (fue lo único digno que hizo en todo el partido) un magnífico centro de Morata desde la banda izquierda y que se paseó por todo el área azulgrana para perfecta contemplación de Piqué, Mascherano y compañía. Seis minutos y primer gol. Euforia y desolación en un Messi que durante unos segundos fue protagonista del marcador del Bernabéu. Curioso.

Con el tanteador a favor, el Real Madrid quiso reducir el terreno, dejarlo en cuarenta metros. Adelantó la defensa hasta quince metros de la medular, contando con Pepe por delante a manera de quinto defensa. Además, dio la pelota al Barcelona, que lejos de ser el de hace unos meses, se limitaba a tocar y tocar sin profundidad, sin cambio de ritmo y aburriendo a todos, empezando por los propios azulgrana. El partido se reducía a un pedazo de terreno de juego en donde no suele pasar nada, el círculo central.

Lo que ocurre con el Barcelona, por mal que esté, es que tiene a Messi (no corrió en todo el partido, por cierto) y si encima cuenta con la ayuda de los rivales, no le queda otro remedio que enchufarla. Circunstancia que se produjo en el minuto 17. Ramos le permitió que se acomodara, que mirara entre los tres palos y apuntara. Resultado, balón a la red que entró por el palo de Diego López, que como el capitán pudo hacer algo más. Igualada cuando menos se esperaba por lo que se estaba viendo sobre el césped del Bernabéu. El gol llenó de alegría a los azulgrana y alguno no la supo digerir dirigiendo una peineta a la grada. Mal Jordi Alba.

El Real Madrid no acusó el gol. Siguió a lo suyo. A tocar poco y a pisar con peligro el área de Valdés. Sin elaboración, con fútbol directo. La tuvo Morata y un centro de Coentrao se envenenó, pero el portero estuvo seguro en ambas ocasiones. Poco trabajo pero acertado. Los de Roura tenían la pelota. Los de blanco se la cedían ante lo que veían. Y es que cada vez que los Iniesta (jugó de centrocampista curiosamente), Thiago y Busquets se hacían con el esférico se ponían a tocarla y tocarla de manera absurda y sin peligro alguno. Los madridistas no apretaban y ellos no mostraban ambición, recordando amaños mundialistas del pasado. De esta manera no podía terminar la primera parte de otra manera que no fuera empate.

Y salió Cristiano

Mourinho no quería decepcionar a los que llenaron el Bernabéu y esperaban ver algo más. A Roura no se le puede reprochar nada porque sacó a todo, pero este Barcelona está para pocas exhibiciones. De esta manera, el portugués decidió que pasados diez minutos había que animar el partido sacando a Cristiano Ronaldo y Khedira. Fútbol y músculo. Dicho y hecho, fue salir CR7 y el equipo azulgrana retroceder diez metros, meterse más cerca del área de Valdés. Además, las pocas veces que aparecía por las cercanías de Diego López se encontraba con un Varane espléndido, elegante e imperial, tal y como comprobó Villa. Así de contundente.

A los siete minutos de pisar el césped, Ronaldo asustó a Valdés desde treinta y cinco metros, para repetir cuatro más tarde, pero esta en jugada, arrastrando a la defensa azulgrana como hizo en el Camp Nou y culminar con un tiro al larguero a cinco minutos del final. El signo del partido había cambiado. El duelo pasó a ser madridista. La tuvo Morata, pero Valdés le impidió culminar el sueño, pero si el gol llevaba era blanco. No podía ser de otra manera. Por estado de ánimo y por fútbol. El gol llegó tras un saque de esquina, punto débil azulgrana, con un certero cabezazo de Ramos.

En los últimos dos minutos pasó de todo. Clamorosa falta de Arbeloa sobre Alexis, lo que encendió a los azulgrana y penati de Ramos sobre Adriano, lo que terminó de prender la llama de los jugadores del Barcelona que rodearon a Pérez Lasa, pero con actuación estelar para Víctor Valdés. El portero, una vez pitado el final del choque, fue a por el colegiado. Y no lo digo en sentido figurado. De no mediar la actuación del delegado podría haber pasado de todo. Roja para Valdés e indignación final azulgrana.

Ver la noticia original en elconfidencial.com

Dónde está aquél Barcelona de hace un año que lo ganaba todo y con suficiencia. La verdad es que tener un jugador como Leo Messi, que mete dos o tres goles cada partido, puede hacer campeón a cualquier equipo. Y si ese equipo tiene a Xavi, Iniesta, Fábregas y Busquets, por mencionar a algunos de los mejores jugadores del mundo en su puesto, entonces tenemos un equipo que gana todos los torneos en los que participa.

Pero cuando Leo Messi no marca, el Barcelona es un equipo bueno, muy bueno, pero cuando juega con el Real Madrid de Mourihno, un equipo experimentado y rocoso, con un deltantero de nivel galáctico como Cristiano Ronaldo, entonces las cosas cambian.

Hay que reconocer que si Leo Messi le metiese dos o tres goles al Real Madrid cada vez que se enfrenta al equipo madridista, no habría nada que hacer. Pero ahora Leo Messi tiene algo en la cabeza que antes no tenía. Quizás es su situación familiar, que ha cambiado mucho. Todos los que somos padres sabemos de lo que hablo. O quizás es un bajón físico. No se sabe. Lo que está claro es que con un Leo Messi más humano el Barcelona es un equipo asequible, al menos para los mejores equipos del mundo.


Si te ha gustado el artículo compártelo y participa dejando un comentario. Gracias por colaborar.

Noticias relacionadas:

«