Como paneles solares pero al estilo rústico o casi mágico. No sabemos si entienden de métodos ecológicos estos habitantes, pero sin duda han optado por un sistema de lo más natural e ingenioso. Y, sin embargo, funciona. Cuando la tecnología no se encuentra a nuestro alcance, con un poco de imaginación, siempre y cuando nos funcione la bombilla que llevamos en el interior de nuestra cabeza, todo es posible. Habiendo luz en nuestra imaginación, no resulta complejo llevar la luz a donde ni siquiera el sol es capaz de imponer su fuerza. Estamos en Rjukan, un pueblo noruego.

Por primera vez en su historia, la gente del pueblo Rjukan, enclavado en la depresión de un valle del sur de Noruega, por fin verá la luz del sol en invierno gracias a los espejos gigantes.

Rodeado de montañas lo suficientemente altas como para ocultar al pueblo la luz natural proveniente del sol, este pequeño pueblo de 3.500 personas estaba privado totalmente de sol durante seis meses del año.

Fuente: El solonline

Un sistema como este podrían haber patentado en Alaska, y visto bien, en poco se diferencia de nuestros actuales paneles, más que en materiales más avanzados y, lógicamente, en presupuesto. Como dice el refrán, “Si Mahoma no va  a la montaña, la montaña irá a Mahoma”. En este caso no es cuestión de montañas, porque si algo precisamente sobra en Rjukan son eso, montañas, o por lo menos habría venido bien que no fuesen tan altas, y es que con su altura, roban a los vecinos la luz del sol. Consecuencia de ello, es que sus habitantes pasaban el invierno a oscuras.

En pleno siglo XXI, en el que quedarnos sin electricidad diez minutos, nos supone todo un descalabro para los mortales tecnológicos y comodones que somos, imaginad pasar así todo el invierno. Y con lo largo que es el invierno. Cuando en las ciudades y, los pueblos más urbanizados se esmeran en colocar paneles solares y otros métodos ecológicos por el gusto de ahorrar y ayudar al medio ambiente, estos pueblerinos se han visto obligados a encontrar un método que les permita no ya acumular la energía del astro rey, sino al menos reflejar la luz del sol que es el comienzo.

Y es que mientras unos tenemos tanto, que hasta queremos acumular más y más, nuestra ambición sin límites que nos caracteriza como humanos, otros ni siquiera pueden disfrutar de unos rayitos, y así durante meses. Una pena, porque seguro que las vistas de Rjukan tienen que ser impresionantes entre montañas. Y sin duda, las maravillas que esta privación concede a cambio a sus vecinos, han de ser dignas de admiración. Como en Alaska, nada menos.

En Alaska que, durante séis meses al año es de noche, y otros séis meses es de día las 24 horas del reloj, se producen fenómenos celestiales casi mágicos. En las noches donde caen lluvias de estrellas, estos cielos sin lumbres pueden viajar más allá del firmamento. ¿Se les concederán los deseos?


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