Estudio científico revela que el cerebro interviene en el proceso de envejecimiento

Uno de los aspectos menos comprendidos del envejecimiento es su progresión coordinada en todos los sistemas del organismo. Durante mucho tiempo se ha sospechado que el cerebro interviene en ese proceso de declive físico y psicológico, pero hasta ahora no había pruebas concretas en mamíferos. Sí sabe que en algunos invertebrados, como la mosca de la fruta o el gusano transparente Canorhabditis elegans, el declive asociado a la edad está regulado por neuronas sensoriales que captan información del entorno referente a la disponibilidad de comida o factores estresantes. En un artículo que se publica en el último número de “Nature”, investigadores de la Facultad de medicina Albert Einstein de la Universidad Yeshiva (Nueva York) demuestran que en ratones la coordinación de los procesos que dan lugar al envejecimiento tiene lugar en el hipotálamo, una estructura “equivalente” a esas neuronas sensoriales de los invertebrados, que también controla funciones esenciales para el mantenimiento de la vida, como la regulación del a liberación de hormonas, el hambre y la saciedad, la temperatura o el sueño, entre otras.

En concreto han descubierto que en los roedores añosos hay una activación crónica del factor nuclear kB (NF-kB), que actúa a modo de interruptor que puede acelerar o disminuir la velocidad del envejecimiento. Además demuestran que ese factor está implicado en la regulación en el hipotálamo de respuestas inmunes como la inflamación, clave en el envejecimiento. “La inflamación involucra a cientos de moléculas y NF-kappaB se encuentra justo en el centro de ese mapa regulatorio”, aclara el autor principal del estudio, Dongsheng Cai, autor principal del estudio

De hecho, la inflamación crónica está implicada en patologías como la arteriosclerosis, la artritis, el cáncer, el síndrome metabólico, la enfermedad de Alzheimer y muchas otras afecciones relacionadas al paso de los años. La interrelación entre envejecimiento e inflamación es tan característica que se utiliza el concepto emergente “inflammageing”, un término derivado de inflamación y envejecimiento, en inglés, acuñado por Claudio Franceschi, del Departamento de Patología experimental de la Universidad de Bolonia, tras observar que hay un fuerte componente inflamatorio en la mayoría de las enfermedades asociadas a la edad. El término haría referencia al cambio de papel del sistema inmune que pasaría de tener respuestas fuertes y limitadas en el tiempo (agudas) en las primeras etapas de la vida, esenciales para superar las infecciones, a otra más baja pero sostenida en el tiempo (crónica) en la senectud, que parece tener un papel clave en el proceso de envejecimiento de varios órganos, incluido el cerebro.

El artículo publicado en “Nature” va acompañado de un comentario de la inmunóloga Dana Gabuzda y el experto en envejecimiento normal y patológico del cerebro Bruce Yannker, ambos de la facultad de Medicina de Harvard. Los dos investigadores resaltan que el trabajo liderado por Cai, “marca un nuevo paradigma en el estudio del envejecimiento”, ya que demuestra que en ratones la inflamación asociada al envejecimiento está coordinada en el hipotálamo, donde se integran las respuestas hormonal e inmune.

Y es que la activación del factor nuclear NF-kB, con la mediación de las células inmunes propias del cerebro, la microglía, provoca cambios químicos en el material genético que disminuyen la expresión del gen de la hormona liberadora de la gonadotropina (GnRH). El descenso de esta hormona contribuye en los roedores a los cambios asociados a la edad como la debilidad muscular, disminución de la masa ósea y pérdida de memoria.

Unos hallazgos, resaltan Gabuzda y Yannker, que si son validados, tendrían importantes implicaciones para comprender y tratar las enfermedades asociadas a la edad y en especial las que cursan con inflamación.

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Es muy interesante este hallazgo, pues hasta ahora se pensaba que el envejecimiento se producía básicamente por el deterioro de los telómeros cada vez que se producían las células del cuerpo. Este deterioro no sólo provoca el envejecimiento que conocemos, sino que también provoca enfermedades como el cáncer.

En el estudio, realizado con ratones, se ha observado que se puede alargar la vida de los roedores hasta en un 20% simplemente combatiendo la participación del cerebro en el proceso de envejecimiento producido por el factor nuclear kB (NF-kB).

Este descubrimiento abre un abanico amplio de posibilidades para que científicos de todo el mundo investiguen la forma de evitar que el hipotálamo participe en el envejecimiento de las células del cuerpo a medida que cumplimos años.

En un escenario optimista, nuestros hijos podrían superar con facilidad los 100 años de vida, no sólo por los avances de la medicina en general, sino por las implicaciones que este descubrimiento tendrá en la salud de las personas del siglo XXI.

Si no nos cargamos el mundo entre unos y otros, podemos imaginar una humanidad en un futuro no muy lejano donde la enfermedad sea un vago recuerdo y la longevidad sea la norma. Esperemos que así sea.


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