Facebook testigo de un asesinato

Compartir está de moda, y el afán de protagonismo ya ni contamos, y es que a los enfermos de fama ni siquiera les importa que la policía les de caza, si previamente han tenido sus minutos de gloria. Extraña gloria, como extraña la conducta de quienes publican sus crímenes en las redes sociales. Y sí, por increíble que parezca, existe gente así. Un hombre residente en Miami, confesó haber matado a su esposa. Y por si fuera poco con la confesión, además subió una foto. A estas horas, el presunto asesino, rinde cuentas a la policía y a la justicia.

“Un hombre de South Miami dijo a los detectives que él mató a su esposa de cinco o seis balazos antes de publicar la confesión en Facebook y colocar una foto del cadáver en el mismo sitio, reveló una orden de allanamiento recién difundida.

El diario Miami Herald  informó que los detectives incautaron dos teléfonos celulares, tres computadoras y un iPad de la casa de Derek Medina después del ataque a disparos del 8 de agosto. La orden de registro a su vivienda reveló además que las autoridades también encontraron un pistola de aturdimiento eléctrico, tres pistolas —una de calibre .380, municiones y un cuchillo grande de cocina.

La policía dijo que Medina mató a Jennifer Alonso, de 26 años, durante una discusión. Una hija de ella, de 10 años de edad y de una relación previa, resultó ilesa”.

Fuente: noticias.terra.es

Imágenes desagradables

Aunque no debe ser agradable contemplar la imagen de un asesinato, no me cabe duda de que la foto que este hombre, presunto asesino de su mujer, habrá dado la vuelta al mundo, y habrá sido compartida hasta el agotamiento en la red social. Eso, salvo que la policía haya tenido la perspicacia de eliminar la fotografía. Mientras pagamos la entrada de una sala de teatro para admirar obras tales como Edipo, u otras que rozan el escándalo, asistimos a sucesos tan dramáticos como el que contamos en esta noticia.

Si ya está mal cometer un asesinato, siempre injustificado, por supuesto, más triste resulta pensar que su autor realizó semejante acto movido por un insaciable afán de notoriedad. O que al menos, no sintió el peso de la conciencia alertándole de que dicha conducta no era precisamente digna de difundir y de exhibir.

Dice él que mató a su mujer porque ella previamente lo había amenazado con un cuchillo, pero me pregunto qué ocurrirá con esos adolescentes, algunos todavía demasiado niños, que asisten cada día a espectáculos similares donde la violencia es la reina, alentada por un teléfono móvil que asegurará enmarcar de una aparente gloria a su autor.


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