Los fotógrafos y periodistas muchas veces tienen difícil realizar su trabajo. Son, en ocasiones, héroes, en otras temerarios. Siempre personajes atrevidos y apasionados que no escatiman en recursos a la hora de convertir en arte, en el arte de la fotografía, la imagen sin movimiento aunque parece estar moviéndose, las realidades más cotidianas. Profesión de alto riesgo, y es que los peligros se presentan por dónde menos uno lo imagina cuando está inmerso en la ventana mágica de una cámara fotográfica. Como el fotógrafo que quiso reflejar la belleza de una cueva bajo un glaciar, en Alaska.

Un fotógrafo valiente arriesgó su vida aventurándose en una cueva debajo de un glaciar para capturar la fotografía. Jonathan Tucker caminó a través de pantanos y una montaña de más de dos horas para llegar al lugar congelado a 5.100 metros sobre el nivel del mar. El glaciar, en Juneau, Alaska, es de 12 kilómetros de largo. Pero Jonathan sólo fue capaz de caminar por debajo de 30 metros antes de que el techo cubierto de carámbanos llegó a ser demasiado baja para que continuara.

Fuente: Planetacurioso.com

En la historia de la fotografía hay imágenes para todo. Para reír, para llorar, para escandalizar, para emocionar. Incluso para sonrojar, especialmente si somos los protagonistas implicados en la imagen. Pero sobre todo, hay capturas para sorprender. El primer sorprendido, casi siempre es el fotógrafo. Los fotógrafos miran con desafío al clima y se lanzan, pese a las inclemencias del tiempo, a la aventura de capturar un instante mágico. Ya lo díce el término “inmortalizar”, como pensaban los indígenas que las cámaras de fotos robaban la almas de aquéllos a quienes se disparaba el objetivo, la fotografía es como la resina que permite embalsamar los cuerpos y conservarlos de por vida, que permite con sólo un disparo, inmortalizar la vida.

Jonathan Tucker quería mostrarnos uno de los tesoros escondidos bajo el mar. En este caso, debajo de un glaciar, en Alaska. A 5. 100 metros sobre el nivel del mar, no tuvo reparos en sumergirse. Pero la altura de la cueva, era demasiado pequeña para caminar en ella. Así que el fotógrafo aguantó poco tiempo. Sin embargo, apenas unos retazos fueron suficientes para mostrar la magnificiencia de las obras que la propia naturaleza diseña, y el poder que la tecnología, nos regala a los amantes de la fotografía con esta imagen de la cueva debajo de un glaciar de Juneau.

Otras veces, la sorpresa sale al encuentro del fotógrafo por azar. Como en el caso de unos investigadores que estaban escaneando en 3D árboles en Gabón, y acabaron con un regalo inesperado, la presencia de un elefante. Por supuesto, el animal aparece reflejado también en tres dimensiones. La imagen recuerda al simpático mamut de la película de animación Ice Age, aunque no se trate de un personaje de fábula pese a estar también tras una cámara, sino de un elefante de carne y hueso que decidió aparecer curioso de entre los árboles para mandar un saludo a los investigadores.


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