Google Glass levanta controversias sobre su legalidad antes de su lanzamiento oficial

Intimidad, pudor y privacidad forman parte un todo que las personas no están dispuestas a perder. Tras una sesión de entrenamiento en un gimnasio las duchas de los vestuarios acogen a decenas de personas envueltas en su traje natural. Imagínense que, en ese momento, su figura está siendo grabada sin que se dé cuenta gracias a un dispositivo que, sin ver todavía la luz, está llamado a ser la revolución tecnológica.

Las famosas Google Glass es el «gadget» que todo el mundo deseará en los próximos meses, pero que quizá muchos vayan a desear que nunca se hubieran inventado gracias, en parte, a la posibilidad de grabar y captar imágenes en cualquier momento. Sí, un arma de doble filo. Mientras la comodidad se hace hueco en nuestra vida, nuestra vida es menos privada. Serán un auténtico «Gran Hermano», un ojo que todo lo verá. Su capacidad de grabar en cualquier momento ha levantado tanto halagos como críticas. Aunque sus usos son similares a cualquier teléfono móvil, se trataría de un dispositivo más discreto que podría hacer las veces de espía. No dejaría de tener características similares a las que habitan en un «smartphone» pero grabar con ellas no es algo tan evidente.

Sin estar todavía en la calle, un bar de Seattle acaba de prohibir la utilización de las gafas de realidad aumentada dentro de sus instalaciones, informaba «CNet». Los gerentes del bar temen por una posible violación del derecho a la intimidad de sus clientes. Todavía no han salido a la venta, pero ya son objeto de polémica entre los establecimientos públicos de Estados Unidos, ya que sus múltiples aplicaciones despiertan recelo entre la gente acerca de los posibles usos que puedan darse a las gafas.

Ver la noticia original en abc.es

Se avecinan nubes de tormenta debido a algunos gadgets que están a punto de salir al mercado y que pueden revolucionar la forma en la que accedemos a la información.

En concreto Google está promocionando de forma agresiva y efectiva su próximo bombazo, unas gafas de realidad aumentada que permitirán manejar nuestro teléfono móvil inteligente sin necesidad de tocarlo, simplemente con comandos de voz.

Este nuevo dispositivo va a tener cosas muy buenas, como son la posibilidad de consultar nuestro correo, ver la ruta que queremos recorrer a pie o en el coche, ver vídeos o películas, escuchar música, etc.

Estas características no son las que están levantando suspicacias en la sociedad mundial. El problema verdadero está en la posibilidad de Google Glass de sacar fotografías y grabar vídeos de una forma totalmente inadvertida para los posibles objetos de esas fotos o vídeos.

No es difícil imaginar cómo será el mundo cuando miles de personas lleven este tipo de gafas. La controversia está servida.

Por un lado, habrá muchas personas que piensen que el que no tiene nada que ocultar no tiene nada que temer. Estas personas estarán muy tranquilas sabiendo que todo el mundo podría estar siendo grabado en la calle, en las oficinas, en lugares públicos, etc. Cualquier delito o comportamiento inapropiado tendrá muchas posibilidades de ser grabado por alguien.

Existe un precedente con la ciudad de Londres, donde hay más cámaras en la calle que en ninguna otra ciudad del mundo, y parece que a los londinenses no les parece mal, sino todo lo contrario.

En el otro lado de la balanza estarán las personas que piensen que se vulnera su privacidad, que es inaceptable que una o varias personas estén grabando sus movimientos o incluso sus conversaciones sin su consentimiento.

Si se piensa un poco, será inquietante estar en presencia de alguien que lleve puestas las gafas, y podemos imaginarnos que se convertirá en una práctica común solicitar a cualquier persona con la que interactuemos que se quite las gafas, igual que solicitamos amablemente a un fumador que apague el cigarrillo en nuestra presencia.

Se nos ocurren más situaciones problemáticas derivadas del uso generalizado de Google Glass. Por ejemplo el aislamiento de las personas. Podemos imaginar una sociedad en la que todos los ciudadano llevan las gafas puestas y cada uno está ensimismado en su propio mundo. Será como estar sólo en compañía.

Otro problema que seguramente provocará la prohibición de su uso en determinadas actividades, es el hecho de que la Google Glass será capaz de provocar distracciones de todo tipo, según el uso que se haga de ellas. Imaginamos que las autoridades prohibirán el uso de este tipo de gafas a los conductores de todo tipo de vehículos, privados o públicos, a los conductores de trenes, a los pilotos de los aviones, etc.

Sin embargo, también podría darse el caso de que una adaptación de Google Glass para determinadas actividades sería no sólo buena, sino imprescindible. Por ejemplo, imaginamos a un cirujano con unas gafas que le van informando en todo momento de la información más relevante del paciente al que está operando, o a un guardia de tráfico que recibe información del estado de la circulación en tiempo real, lo que le permitirá tomar las mejores decisiones posibles en cada momento. Las posibilidades de esta tecnología son incalculables.

Al final, Google Glass será un dispositivo amado y odiado, pero seguro que será un gran éxito. No nos cabe ninguna duda.

 


Si te ha gustado el artículo compártelo y participa dejando un comentario. Gracias por colaborar.

Noticias relacionadas:

«