Insomnio por emoción

Aunque en definitiva todo se reduce  a la incapacidad de dormir, lo cierto es que existen distintos tipos de insomnio. Siempre y cuando no nos dure más de una noche, y así tal vez ninguno le llamaríamos insomnio, no pasa nada por pasar una velada sin pegar ojo. Bueno, eso que se lo pregunten al que le sucede, que al día siguiente, posiblemente, estará pegando cabezadas. Pero, en ocasiones las razones de no poder quedarse dormidos no son malas, sino todo lo contrario, obedece a que hemos recibido una gran emoción, en sentido positivo. Si sufrimos insomnio por emoción, ¿quién quiere dormir?

El estar emocionado por algo nos hace anticipar lo que podría suceder así que nos pone a pensar e imaginar diferentes escenarios. Eso requiere un tanto de concentración, lo que nos mantiene despiertos.

Nuestro propio insomnio empieza a dominar a nuestra mente y entre más nos concentramos en ello, más se acelera el proceso mental y sentimos menos sueño.

Fuente: BBC

El insomnio es un mal que nos afecta cada vez debido a la vorágine de acontecimientos que soportamos en nuestro día a día. El insomnio  aumenta con la crisis, si bien es cierto que antes de que entrásemos en este período de recesión económica ya muchos millones de personas padecían este trastorno del sueño, que se caracteriza precisamente por la imposibilidad de quedarse dormidos. A menudo, la persona se siente agotada y, sin embargo, no consigue abandonarse a la vigília.

Hay noches en las Morfeo tarda en llegar a nuestro encuentro. Y la causa suele ser la misma, una emoción muy fuerte. La mayoría de las veces, porque algo nos preocupa, y tal y como están las cosas, lo hace para mal. No somos capaces de desconectar de los problemas. Aunque haya científicos que aseguren que tras haber descansado, nuestro cerebro reacciona mejor, nos empeñamos en someter  a nuestra mente a un proceso intenso de búsqueda de soluciones a problemas que nos atemorizan.

El insomnio por emoción es debido a que nuestro organismo segrega dos sustancias, la adrenalina y la hidrocortisona, hormonas y esteroides que nos mantiene con los niveles de alerta encendidos para reaccionar ante un hipotético acontecimiento. Y es que nuestro cerebro, que no descansa desconectando como deberíamos haberle enseñado a hacer, comienza a recrear escenarios posibles y dibujando acontecimientos que rodearían, hipotética y fantasiosamente a nuestro acontecimiento principal o real.

Siempre se ha dicho que el ser humano es el único animal fantástico y que tiene capacidad para usar la imaginación y jugar con la irrealidad. Y pese a sentirnos seres superiores por esta, se supone que singular característica, alguna desventaja debía esconder tanto privilegio. Usar la fantasía es algo fantástico, emocionante, maravilloso. Pero tanto así que si lo hacemos en determinado momento y sin control, por la noche antes de irnos a la cama, tendremos que pagar su precio, es decir, nos exponemos a sufrir un insomnio por emoción. Que siempre y cuando sea bueno y puntual, bienvenido, ¿no? Todos hemos dicho alguna vez eso de “que la noche no termine nunca”.


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