A partir del 1 de diciembre, los ministros sudafricanos comenzarán a sufrir los estragos de la crisis. Populares por sus extravagantes derroches, como cualquier político a fin de cuentas, en Sudáfrica, sus gobernantes dirán adiós a todo un bagaje de comodidades. Para empezar, se acabaron las tarjetas de crédito. Y si con esto todavía no les ha dado el infarto a más de uno, también tendrán que despedirse de los coches oficiales de lujo, los hoteles de cinco estrellas, y hasta los viajes en primera clase. Ha sido el ministro de finanzas quien, marcando un hito, ha comenzado a recortar por ellos mismos.

La medida fue anunciada esta semana por el ministro de Finanzas de ese país, Pravin Gorghan, quien considera que el recorte de este tipo de gastos ministeriales puede ahorrarle al gobierno más de US$100 millones.

Los altos funcionarios serán además sometidos a una especie de ley seca, pues Gordhan también anunció que el gobierno dejará de ofrecer alcohol en los eventos de Estado.

En los últimos años, los ministros sudafricanos fueron protagonistas de escándalos por sus extravagantes gustos y gastos.

El diario local Mail&Guardian informa que hace cuatro años, el ministro de Educación gastó más de US$100.000 en un nuevo auto de la marca BMW.

Fuente: BBC

Hoy es de esas pocas veces en la vida en la que uno piensa que la justicia existe. Y es que no sucede con frecuencia que hablar de políticos, de recortes y de crisis pueda estar ligado sin que seamos los ciudadanos los que paguemos el pato. Al menos en Sudáfrica, por fin sus gobernantes van a saber lo que es la crisis. Ya podrían tomar ejemplo sus colegas de otros países, donde los recortes nunca les alcanza a ellos, y si no miremos a España.

Decía Rajoy que eliminando ministerios ahorraba un pico al Estado. Sin embargo, lo que se ahorraba era verle la cara a personajes de la oposición que era quienes ocupaban esos cargos. Pero aparte de esto, la crisis, que desde que comenzó no ha dejado de recortar prestaciones, sólo les resulta conocida de oídas. Imposible que la vivan en carne propia. O cabe pensar que se niegan rotundamente y con pavor a sentirla en sus bolsillos, por lo que son precavidas ahorrando de la cesta de la compra de los demás.

Aunque alegría, no descarto tampoco que la necesidad de hacer semejantes recortes en el Gobierno sudafricano, no obedece  a buena voluntad, ni a empatía alguna, sino a auténtica necesidad. Mi lado maquiavélico y desconfiado me hace preguntarme, ¿cuán de mal ha de estar la tesorería en Sudáfrica, para que los ministros se queden sin sus remedios anti estrés. Y es que apuesto a que más de unos de los solidarios langostineros y marisqueros sindicales andaluces, defiende el consumo a mansalva de marisco como terapia anti ansiedad para recuperar fuerzas y seguir reivindicando el pan de los trabajadores y trabajadoras andaluzas y de España.

Llegados a este punto, ¿los recortes sidafricanos, son una buena noticia, o más bien para echarse a temblar?


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