La dependienta de una tienda negocia con un atracador el importe del robo

Debido a la crisis y al desempleo, a la miseria en la que la sociedad española y también de otros países está inmersa, están surgiendo delincuentes que, lejos de comportarse como profesionales gozando de esa característica prepotencia del delincuente chulo y seguro de sí mismo, únicamente roban lo que pueden y hasta se conforman con poco. No obstante, continúa sorprendiendo la bondad de algunos ladrones. Este es el caso de un atracador de un comercio de Pontevedra que salió con menos dinero del que quería en un principio, y no porque no hubiera más. Lo sorprendente es que una mujer, la empleada de la tienda, lo convenció para que robase menos.

Ocurrió en Pontevedra, España, y el curioso episodio quedó registrado en las cámaras de seguridad del local. El asaltante pedía toda la recaudación y se terminó conformando con 15 euros.

María José, empleada de un comercio de Poio (Pontevedra, España), fue víctima de un atraco. El ladrón llevaba el rostro cubierto con un pasamontañas y un cuchillo pelapatatas y le exigía que le diese toda la recaudación del día.

La mujer apenas había tenido clientes y tenía poco dinero en la caja. Comenzó a negociar con el atracador, que pedía que le diese 50 euros y al final se llevó sólo 15.

Fuente: El Sol Online

La situación económica actual no es buena para nadie, ni para los ciudadanos de a pie, que todavía, contemplamos el crimen como algo ajeno a nosotros o, al menos a nuestras intenciones, ni tampoco para los ladrones. En el universo de la delincuencia hay grados, y no es lo mismo quién roba una barra de pan y dos manzanas para calmar el hambre, suya o la de su familia, que los niñatos que roban un teléfono móvil, ni el ladrón que despluma  a una víctima bajo amenazas, con violencia y/o coacciones.

En este caso, si bien desconocemos las intenciones reales del chorizo, su atuendo no podía ser más revelador, y es que el arma era un cuchillo de pelar patatas. Qué lejos del arsenal armamentístico de Al Capone, o de la inmunidad parlamentaria de la que gozan los políticos. Ni siquiera para robar hay igualdad de condiciones. Y el caco gallego no pudo tener peor suerte, que ir a parar a un comercio donde casi no habían entrado clientes en todo el día.

Dinero no habría en la caja, pero lo que sí que tienen los propietarios de este establecimiento es un tesoro que deberían guardar con tres candados por lo menos. Hablo de su empleada. Cuando cualquiera de nosotros, en una situación similar, habría tratado de negociar con el atracador pero a la inversa, no para retener el dinero, sino para salvar la propia vida y la del resto de víctimas. El dinero que se lo lleve todo, si quiere. Sin embargo, esta empleada se atrevió  a regatear con el ladrón. Y para colmo, salió ganando. Un aplauso para esta mujer valiente.


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