No podía pagar la operación, y ya no soportaba más dolores. Ese es el argumento que Zheng Yanliang, trabajador de una fábrica en China, y enfermo con embolia arterial en una pierna ha esgrimido para justificar su acción. Aunque para muchos la acción llevada a cabo por Yanliang resulte disparatada, lo cierto es que el hombre se vió entre la espada y la pared. No había otra opción, pues los dolores que sufría eran terribles, insoportables. Y los médicos, se negaban  a tratarle. El motivo de este fallo médico al juramento hipocrático es el más habitual, y triste, la falta de medios económicos.

Zheng Yanliang se cortó su pierna derecha con una sierra, porque no podía pagar la operación en un hospital de Boading, en China. El hombre de 47 años comenzó a sentir dolores en su extremidad en enero de 2012 y las visitas al médico agotaron las reservas  económicas familiares. Sufría una embolia arterial y la amputación era inevitable o moriría en pocos.

Un médico local se negó a operarlo porque la familia no tenía para pagarle. Así que Zheng decidió cortarse el mismo la pierna y eso hizo con sus propios medios.

Fuente: Telecinco.es

Cuando sabes de una persona que se dedica al campo de la salud, sea cual sea su ámbito, ya se trate de un médico, veterinario, científico o investigador, uno imagina que esa persona es algo así como un héroe. Sin duda, pensamos, debe tener un corazón enorme, además claro está de la inteligencia necesaria y habilidad para haber logrado una titulación tan complicada y laboriosa. Son los médicos esos héroes anónimos, esos mini dioses particulares en cuyas manos depositamos nuestra confianza, nuestros miedos, y nuestra vida.

Los médicos, cuando van a ejercer, hacen un juramento. Se trata del juramento hipocrático, mediante el cual se comprometen a salvar las vidas de quienes acuden a ellos como doctores, y de paliar el sufrimiento. Ser médico, para quienes nos tomamos los juramentos con convicción y con seriedad, es como llevar la palabra milagro corriendo por sus venas, en un símil de poción mágica que, mediante sus manos a orden de su mente sabia de profesional en artes médicas, logran regalar vida y esperanza, junto al alivio, inviolable de quien lo necesita.

Pero al parecer, estaba equivocada. El juramento hipocrático no ha quedado más que como un resíduo ancestral de la cultura, un formalismo más para obtener el codiciado título que, tal vez se anhele persiguiendo prestigio o fortuna. Porque los médicos, ya no son ángeles. Que los ángeles también caen. Es difícil explicar de otro modo lo que le ha sucedido a este señor chino, que se vió abandonado y traicionado por los médicos al negarle auxilio en su dolorosa enfermedad.

Amputarse una pierna, en la soledad y el desamparo de su domicilio, ha sido la única manera que ha encontrado Yanliang para prolongar esos escasos tres meses de vida que el diagnóstico le hizo conocer, en caso de que no lograse reunir el dinero que los médicos cobran por realizar la intervención quirúrgica. Por fortuna, sí quedan ángeles en el cielo, otros médicos se han ofrecido  a atenderle y curar su otra pierna también enferma.


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