Las monas capuchinas tiran piedras a sus enamorados

Sabíamos que los seres humanos éramos masoquistas, además de complicados, y sobre todo, sufridores en el amor. Pero eso de que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, el único al que le gustan los retos, o sufridores, va a quedarse en un mito, porque la ciencia ha hecho un descubrimiento. El mundo animal comparte ese complejo amoroso. Y es que las monas capuchinas tiran piedras a sus enamorados si es que estos deciden no hacerles caso. Ya lo ven, en cuestiones del corazón, nos nos rendimos. Y el odio es sólo la otra orilla del amor.

Es un curioso método de seducción: si el macho no parece interesado, arrojarle una piedra puede llamar su atención.

Es una de las estrategias de las monas capuchinas en Brasil, tal como registraron por primera vez las cámaras de la serie “Wild Brazil“, una coproducción entre la BBC y Discovery Channel.

Estos monos son conocidos por su inteligencia: son los primeros primates no hominoides que fueron registrados utilizando herramientas.

Fuente: BBC

“O te casas conmigo, o te vas a enterar”. Algo similar es lo que deben pensar las monas capuchinas cuando se ponen a lanzar piedras a los machos que no parecen tener mucho interés en ellas. Y es que no hay nada como estar enamorado, para que brote de nuestro  interior ese afán vengativo en caso de no ser correspondidas. Dícen que las mujeres tenemos malas pulgas, que somos celosas, rencorosas y, también, un poco creídas. En el caso de las monas capuchinas, no hay lugar a dudas. Lo son.

Y dícen los científicos que son uno de los animales más inteligentes que se han descubierto, junto al género humano. De los pocos que constan evidencias de que saben manejar herramientas y manipular piedras para trabajar y operar con ellas. Muchos machos preferirían que tal habilidad no fuera desarrollada por sus parejas. O, por lo menos, que no tuvieran puntería.

Muestras de fertilidad

Ya lo vemos, en el mundo animal, ellas también son buenas deportistas, y habilidosas. Y es que en el amor, y aún en el sexo, cualquier cosa vale para llamar la atención. Y esto es precisamente lo que buscan las monas capuchinas. El problema que tienen, dícen los científicos, es que ellas carecen de evidencias externas que muestren que se encuentran en días fértiles. A falta de atributos, bien está mostrar que estamos de mala uva. En resumen, que cuando veamos a una mona capuchina, lanzando piedras a los machos ya sabemos que se encuentra en “uno de esos días”.

Y luego las mujeres negaremos que tenemos mala leche. Desde luego las monas no pueden salvarse. Aunque eso sí, también las hay más tímidas. El cortejo comienza con muecas, chillidos o toqueteos. Pero si el galán no se entera, entonces no se cortan en tomar medidas más drásticas. Es aquí cuando las piedras y la buena puntería entran en acción.


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