Las pareidolias también en el espacio

No hay niño, ni adulto soñador que alguna vez no haya jugado a imaginar qué figuras esconden las nubes cuando el cielo comienza a verse encapotado. Dependiendo de la imaginación, es posible encontrar cualquier cosa en las nubes, en las estrellas y en el cielo en general. Será por eso del espíritu soñador, que el cielo es nuestro lienzo favorito para pintar fantasías. En cualquier lugar, no obstante, el ojo puede engarñarnos y hacernos ver cosas que, en realidad no están ni son reales. Se trata de las pareidolias. Reconocidas por la ciencia, también las hay en el cielo y son espectaculares.

Desde el rostro de Hitchcock en las estrellas o las caras de Marte, a las iniciales de Hawking en los restos del Big Bang o un humanoide en Mercurio

Una pareidolia es una sensación que todos hemos experimentado. Sucede cuando nuestro cerebro no puede evitar conferir una identidad reconocible a cualquier forma de la naturaleza. Algunas de las más fantásticas pareidolias ocurren en el espacio y todas tienen una explicación que, por lo general, dista mucho de lo que ha maquinado nuestra imaginación. Esta es una de las más curiosas. Es el rostro deAlfred Hitchcock perfilado en el semillero de estrellas NGC 3324, en la nebulosa de Carina, a 7.500 años luz de la Tierra.

Fuente: ABC

El rostro de alguien conocido, una figura extraña, cualquier animal que nuestra imaginación sea capaz de dibujar puede presentarse ante nuestros ojos y hacernos creer que es real. Esto sucede mucho en el mundo de los misterioso, en el plano de la parapsicología, pues la magia del cerebro humano y la capacidad soñadora del hombre, junto sus temores, y a veces deseos más ocultos, tienden a mostrarse en determinadas situaciones.

Las pareidolias más frecuentes son aquéllas que sufren quienes aman el misterio y los sobrenatural. Y es que su deseo de descubrir algo inédito, les lleva a imaginar inconscientemente el hallazgo de un ser extraño, desconocido. Lo mismo sucede si acabamos de perder a un ser querido, o asistido a un acto familiar donde siempre hay alguien que ya no está y al que echamos de menos.

Un debate muy extendido es el de la existencia de vida en otros planetas u ovnis. ¿Existen o no existen? Bueno, la ciencia no se ha pronunciado con firmeza en contra, y esto nos abre la puerta a admitir la posibilidad de que realmente no estamos solos. Esta idea, alimentada con las informaciones y datos que la televisión y el cine nos ofrecen, lleva a los amantes de la ufología a ver ovnis y otras presencias misteriosas.

No se trata de un engaño intencionado, sino de una mala jugada de nuestra imaginación, motivada por la capacidad asociativa del cerebro de de permitir que nos adelantemos al futuro y nuestra vista recree objetos antes de que seamos capaces de verlos definidamente e interpretarlos a su antojo.

Cada uno ve lo que quiere ver, los religiosos ven imágenes religiosas, los ufólogos ven ovnis y los sensibles o miedosos pueden ver fantasmas o seres extraños. De aquí será posiblemente de donde viene que los niños crean en los monstruos, y es que en verdad, ellos llegan a verlos, a través de este fenómeno de las pareidolias.


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