Lavar la boca con agua y jabón

Lo de lavar la boca con agua y jabón es una amenaza que casi todos habremos recibido alguna vez en nuestra vida. Y es que no hay niño que no haya soltado una palabrota y, su pobre madre, impotente ante semejante acto de mala educación, haya visto peligrar sus esfuerzos educativos y haya soltado la célebre amenaza. Sin embargo, hasta el momento, no se conocía que nadie hubiera cumplido su desagradable promesa. Digo “hasta ahora”, porque una profesora mexicana sí que lo ha llevado a la práctica. El niño y sus padres, piden ayuda psicológica para superar el trauma.

“Me estaba agarrando y les dijo a otros niños que le trajeran el jabón. Me tiró al piso y no me pude soltar hasta que me echó el jabón”, relató el menor sobre el castigo.

Después del castigo de la profesora, el adolescente comenzó a ser víctima de bullying por parte de sus compañeros, a quienes la docente dejó de tarea pensar en otros castigos para el menor.

La madre del menor ha pedido a las autoridades que brinden a su hijo ayuda psicológica, pues afirma que éste se encuentra afectado tras lo sucedido.

Funte: Noticias Univisión

Antiguamente, aunque no hace tanto, nuestros padres recuerdan que los profesores no es que fuesen malos, ni crueles, aunque alguno sí que llegaba a pasarse de la raya, sino que tenían encomendada la loable y noble labor de la educación de los niños y jóvenes.

Cuenta mi padre que, cuando él era niño, la educación de los infantes formaba parte de la comunidad, de modo que si un niño decía o hacía algo indebido mientras los padres no estaban delante, cualquier vecino que fuese testigo de lo sucedido podía reprobar al muchacho.

A cambio de la conducta reprobatoria, no había malas caras de los padres del pequeño delincuente en cuestión, sino todo lo contrario, ellos daban las gracias, porque sabían que a los niños había que correguirles y castigarles. Sin llegar a los golpes, sin maltrato, eso sí, pero reprimirles era básico para lograr que se hiciesen chicos responsables, serios y educados.

Lógicamente, a todos los padres les gustaría recibir felicitaciones por sus hijos en lugar de quejas, pero si se portan mal, ¿qué se les va a hacer? Lo último es dejarles a sus anchas.

A juicio de este tipo de padres, el profesor no solamente podía castigar al hijo, sino que era deseable que lo hiciera si así enmendaban al gamberro convirtiéndolo en un buen joven. Pero los tiempos han cambiado, y esta profesora mexicana no sólo no ha sido felicitada por intentar educar al alumno, sino que padres y autoridades se han echado encima suya para condenarla, convirtiendo al joven no en muchacho educado, sino en una pobre víctima de la crueldad de una mujer amargada.

Dentro de unos años veremos cómo el árbol que crecía torcido, lejos de enderezarse, no ha hecho sino caer en picado, y con ello provocar la caída de los que están a su alrededor. Porque nadie estuvo ahí para tomar medidas correctoras.


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