Los empleados de una zapatería de Nueva York presentan una carta de renuncia conjunta

Más bien debiera llamarse este artículo “Rebelión en la zapatería”, y es que esto es lo que efectivamente se produjo en una zapatería de Nueva York, cuando todos sus empleados unidos, decidieron dar un escarmiento a su jefe. Tan presionados tenía este señor a sus trabajadores, y tan sanguinario había sido con ellos, que todos a una decidieron renunciar a su puesto de trabajo. Redactaron una extensa y clara carta de renuncia, sumamente explícita por cierto, y la colgaron en la entrada del establecimiento, ocupando todo el protagonismo del escaparate. La fecha elegida no pudo ser mejor para la venganza, y es que estamos en plena temporada de ventas escolares.

Los trabajadores simplemente bajaron la cortina y se fueron en medio del día laboral.

La radical decisión fue detonada, según publica Gawker, por el trato abusivo del supervisor de la tienda, de nombre “Jamie”, hacia su personal.

En la delatora carta, publicada en la red social Reddit, se lee:

“Querido Jamie,

Dado que decidiste que “el cáncer no es una excusa” y piensas que está bien insultar a tus empleados, cosa que haces todo el tiempo… RENUNCIAMOS.

Este es el porqué no duras más de un año como supervisor de una tienda: ABUSAS de tu cargo y de tu staff.

Ahora disfruta el hecho de perder a tu gerente, jefe y administradora local en plena temporada de ventas escolares. Piénsalo la próxima vez que quieras tratar a la gente de la manera en que lo haces.

No lo toleraremos más.

Fuente: El Sol Online

Sin trabajadores no hay empresa que salga a flote, ni negocio que prospere. Y sabiendo esto, sabiendo que en absoluto es el empresario quien tiene el poder, sino los trabajadores, que son el alma de los negocios, es que estas personas han decidido tomar el mando.

Motivos no les faltaban para quejarse y lo hicieron a lo grande. La carta de renuncia, que se asemeja más a la carta de un niño por Navidad que  a un documento laboral, no podía ser más clara. Muchas empresas tal vez tomen ejemplo ahora de sus colegas neoyorquinos e imiten su venganza.

Cuántas empresas habrá en el mundo cuyos empleados soportan cada día las groserías y mal carácter de un superior, o superiora. Puede que se trate más de un complejo de superioridad que de talento para el cargo que ocupa.

Y cuántos de estos empleados callan por miedo a perder su empleo, un temor más que comprensible en los tiempos que corren. Sin embargo, como ha ocurrido en este caso, lo único que hace falta para plantar cara a la infelicidad laboral cuando el abuso de autoridad está de por medio, es ponerse de acuerdo y dejar atrás los miedos.

Las represalias no pueden existir contra todos los empleados de un centro. Y, por si acaso, los clientes están avisados. Estos han pagado al jefe con la mejor moneda: la indiferencia.


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