Los pitufos y el pecado

Ya dicen que la educación tiene que venir dada desde la cuna para que sea efectiva, y que cuanto antes se educa a un niño, mejor será su comportamiento y buenas maneras. Seguramente recordarás decenas de programas de televisión de cuando eras pequeño. Todos ellos tenían una clara función más allá que entretenernos y mantenernos sentados y buenos mientras la mamá realizaba las tareas del hogar, y era educarnos. La mayoría de los dibujos animados están creados con la finalidad de enseñar y concienciar. En el caso de los Pitufos, sus lecciones son de puro pecado, y así lo revelan sus nombres.

Aparentemente los pitufos representan los pecados naturales. Pitufo Fortachón: la avaricia, tiene el deseo obsesivo de tener más, ser el mejor. Pitufo Goloso: la gula, tiene el deseo desordenado por el placer de la comida. Pitufo Gruñón: la ira, siempre se manifiesta enfadado o enojado consigo mismo o con los demás. Pitufo Vanidoso: la soberbia. Se preocupa de su apariencia, es delicado y sensible. Pitufo Perezoso: la pereza. La idea de trabajar lo agota, pretende dormir todo el día. Pitufo Filósofo: la envidia. Anhelaba el poder del Papá Pitufo.

Fuente: Noticias-increíbles.net

No dudamos de que la intención del creador de los Pitufos haya sido buena, pero personalmente me pregunto si, en los tiempos que corren, por no hacer una regresión al pasado y comprobar qué es lo que ocurría décadas atrás, los padres todavía están dispuestos, y disponían del tiempo, paciencia y la buena voluntad como para sentarse con sus hijos mientras estos ven la televisión.

Acompañamiento de un adulto

Por supuesto que tal costumbre sería la deseable, y lo que aconsejan los expertos, nunca dejar solo a un niño ante el televisor porque los pequeños no están capacitados para dilucidar lo bueno de lo malo. Los niños actúan por repetición, y claro, repiten lo que ven, y la tele encima es guay. Imagino a un pequeño de tres, cuatro o cinco años, no más porque mayores ya reclaman otro tipo de entretenimientos más tecnológicos, comprendiendo que sus héroes azules poseen un nombre que responde a conductas que nunca deberían realizar.

Qué significado tendrá la gula, la pereza o la vanidad en la cabeza de un niño. Esto refleja que, aunque la intención de semejantes creaciones infantiles sean las mejores, resulta imprescindible el acompañamiento de un adulto como guía del niño. Lo contrario es echar en saco roto las lecciones de cada capítulo por bien entramadas que estén. Por supuesto, los Pitufos, pese a pecadores, siempre serán más interesantes e inteligentes que los pasivos “Teletubbies”.


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