Tiene 40 años, vive en la región Salahudin de Irak y va a ser mamá. Esto no sería extraño si no fuera porque son nada menos que trece los fetos que esta madre lleva en su vientre. Además, tiene otros siete hijos. Como embarazo múltiple, es considerado de alto riesgo, máxime cuando la cifra de embriones que esta mujer ha querido gestar supera con creces las cifras habituales. Y, a pesar de todas las precauciones tomadas, el corazón de cuatro de los trece fetos que están en su viente, ya han dejado de latir. Podría tener dieciséis hijos de aquí a unos meses.

Según doctores de la comunidad donde ella vive, en un embarazo múltiple es normal que conforme avancen los meses, algunos bebés mueran.

La mujer en gestación ya es madre de siete hijos, entre ellos unos gemelos. En los últimos años no había logrado concebir, pero al fin logró satisfacer el interés de su esposo de aumentar aún más la familia.

Fuente: starMedia

Si sorprende que nuestras abuelas fueran capaces de criar hasta la friolera cifra de veinte hijos. Todavía sorprende más que, en los tiempos que corren, una mujer del siglo XXI, sea ella misma quien voluntaria y deseosamente, haga todo lo posible por tener trece hijos de un sólo golpe. Aunque hagamos bien los cálculos, porque me dejo algo fuera. Ella ya tiene siete hijos, y con estos trece, hubieran sido veinte. Lamentablemente, el corazoncito de cuatro de esos trecillizos ya dejó de latir, por lo que, de lograr la supervivencia todos los fetos restantes, serían dieciséis hijos los que tendría que cuidar, alimentar y educar en cuestión de meses. Y vestir!

Dicen que su deseo de ser madre era muy grande. Cosa que no me extraña, todo lo contrario, lo entiendo, lo admiro, y hasta lo envidio, eso sí, hasta cierto punto. Y es que dudo mucho que esta señora disponga de los recursos necesarios para sacar adelante a dieciséis hijos, y paremos de contar, porque lo mismo, la mujer de anima de nuevo con un posterior embarazo. ¿No le bastaron siete? Tal vez sea una enfermedad, como decían que tenía Angelina Jolie, con tanto niño revoloteando alrededor.

Ni mucho menos hay que pensar o defender que sólo la gente con dinero pueda permitirse el lujo de hacer uso de su derecho a ser padres, y a dar vida. No es eso. Porque tampoco sería cuestión de dinero, lo único preocupante aquí. Nadie duda del amor que una madre pueden poner hacia sus hijos, pero sí que dudo de que la atención que puedan recibir dieciséis hijos, nunca será la misma que la que reciben, supongamos cuatro, o cinco. Y menos, cuando todos han nacido a la vez. Cada hijo es único, y aunque la madre defenderá que cada uno sus retoños es especial, es humanamente imposible que dedique a cada uno un espacio vital de amor materno.

Imagínense, preparar al menos trece biberones, luego dárselo  a cada bebé, preparar cada día sus cunas, sus camas, sus ropas. No es cuestión de dinero, sino del más valioso tesoro: el tiempo.


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