Médicos españoles provocan un infarto para curar una arritmia

Un infarto controlado por los médicos era la única solución viable para impedir la muerte inminente de un paciente ingresado en el hospital Gregorio Marañón, de Madrid. Y es que el enfermo padecía una arritmia ventricular que los médicos se veían incapaces de curar de otro modo. Habían intentado todo, desde implantar un marcapasos, el uso del desfibrilador, y habían estudiado de qué manera recurrir a la última alternativa que era quemar el foco de la arritmia con un catéter, pero la localización de la misma era inalcanzable. A la espera de un transplante de corazón de urgencia cero, los médicos decidieron hacer magia.

El foco de la arritmia estaba localizado en el espesor de la pared y próximo a las arterias coronarias, lo que impidió eliminarla mediante catéter intravascular y cirugía cardiaca abierta. Por ello, los especialistas decidieron tapar con alcohol la pequeña arteria que irrigaba el territorio donde estaba la arritmia, provocando así un pequeño infarto que permitió la curación.

Por su complejidad, según los autores, se requirió el trabajo combinado de los servicios de Cardiología, Cirugía Cardiaca y Radiología del Hospital Gregorio Marañón con experiencia en el manejo de insuficiencia cardiaca avanzada y trasplante cardíaco, electrofisiólogos, hemodinamistas y cardiólogos especialistas en imagen cardiaca y resonancia magnética nuclear cardiaca.

Fuente: Europapress

Decidieron hacer magia, y lo lograron. Y es que siempre se ha dicho que, “A grandes males, grandes remedios”.  Cuando no puedes caer más bajo es cuando más impulso puedes tomar para levantarte, y las grandes heroicidades se realizan cuando no tienes nada que perder. Si hay un lema que un médico debería llevar grabado a fuego en su mente y, no en vano, ha hecho el juramento hipocrático, es que por encima de todo, hay que salvar las vidas que llegan a nosotros. Salvar las vidas incluyen intentar que estas sean al menos de una calidad aceptable y digna, obviamente. Pero jamás rendirse ni aceptar un mal pronóstico.

Habitualmente, un infarto siempre es  portador de las más trágicas de las noticias y, sin embargo, por una vez asistimos a un acontecimiento, tal vez histórico en el mundo de la medicina, donde el ataque al corazón acude con tintes de salvador. Cierto que la operación podría haber salido mal, y entonces quizá estaríamos hablando hoy de una mala praxis médica. Los médicos también se equivocan, pero satisface saber que, la mayoría de las veces, lo intentan. No en vano, todo estaba estudiado y calculado, únicamente a la espera de que el azar no se colocase esta vez, en contra de la medicina.

Tras todos los intentos posibles por eliminar la arritmia que iba apagando poco a poco la vida de este paciente, sí que quedaba una última solución, un transplante. Pero los transplantes no siempre llegan. O si lo hacen, es demasiado tarde. Por eso, este infarto provocado abre la esperanza al deseo de salvar muchas vidas a partir de ahora.


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