Medusas, salamandras e incluso gusanos salvan vidas

La diferencia sólo es a primera vista, y es que aunque a priori poco tienen en común una medusa, una salamandra, un gusano, y menos aún entendemos que puedan tener en común ellos con nosotros, lo cierto es que internamente, su organismo es casi un clon del organismo humano. Esto hace posible que dichas especies sean utilizadas por la ciencia para estudiar aspectos importantes de nuestra vida, conocer cómo funcionamos y, de este modo, de qué manera solucionar problemas que surgen, como las enfermedades. De hecho, ha sido un gusano el que ha permitido conocer el proceso de envejecimiento. Salvan vidas.

En 1998 se obtuvo la primera secuencia del genoma de un animal. Fue un pequeño pero maravilloso gusano de la especie nematoda llamado Caenorhabditis elegans. Desde entonces, este pequeño gusano ha contribuido con información para una amplia gama de temas de investigación, desde el envejecimiento hasta el cáncer.

La aguamala Aequorea victoria produce la proteína verde fluorescente conocida como GFP, por sus siglas en inglés, que brilla en la oscuridad por lo que hace posible que los científicos sigan el viaje de proteínas específicas por el cuerpo, pues se utiliza como una etiqueta visible.

Las salamandras tienen impresionantes habilidades de regeneración. De la misma forma en que reparan su corazón, cerebro y columna, también son conocidas por poder hacer crecer una extremidad completa, como su cola, uno de los muy pocos vertebrados que pueden hacerlo.

Fuente: BBC

Si bien la naturaleza es sabia y perfecta y así lo ha demostrado con la creación de maravillosas especies con múltiples cualidades, características y capacidades, también lo es que, a duras penas podemos imitarla. Aunque la ciencia se esmera en ello, y gracias a las investigaciones con diversas especies, podemos localizar las claves de funcionamiento y así, soñar con imitarlas. Al final, a menudo, por lo menos se consigue acariciar esa perfección.

Imitando a la madre naturaleza

 

Es la recompensa a ese duro trabajo, el hecho de salvar vidas, mejorar las condiciones de vida de los más desfavorecidos, prolongar nuestros años viables y tratar de enmendar los fallos de nuestro castigado cuerpo, además de hallar, cual reliquia milagrosa, y a pasos lentos, -qué remedio-, una posible solución a enfermedades y trastornos varios que sufrimos  a lo largo de nuestra vida.

Los científicos están salvando vidas gracias a los animales. Una gran mayoría de especies son capaces de regenerarse cuando sufren un accidente o cuando enferman. Poseen sus propios recursos para sanar. Es el hombre, el único, o de los pocos, animales que dependen de la investigación y de la imitación para sobrevivir en el ambiente hostil que le rodea lleno de peligros.

Ójala fuésemos como el pez cebra, que en pocas semanas puede regenerar hasta el 20% de su corazón. Tal vez en el futuro no muy lejano, los peces cebras acaben salvando vidas permitiendo un método alternativo al transplante en personas con afecciones cardíacas. ¿Y qué decir de los caracoles? Algo tan escatológico como su baba, es usado en cosmética por su poder regenerativo.


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