Con la crisis la picarezca no sólo aumenta por necesidad, sino es que parece que, para algunos, está incluso justificada. Hemos conocido casos de todas clases de timos, fraudes y hasta secuestros falsos. El último, el de una mujer nigeriana que fue detenida por la policía al descubrir que no había nada de realidad en su hipotético secuestro. Lejos de estar en peligro, la mujer fingía haber sido secuestrada con la intención de pedir un rescate a su marido y así lucrarse tanto ella como su amante. Pero la jugarreta salió mal, porque el marido, avispado, se dió cuenta.

Nancy Chucwu fue detenida por la policía de Enugu, Nigeria tras ser acusada de fingir su propio secuestro para cobrarle el rescate a su marido. Pero eso no es todo, porque el objetivo del hecho era obtener la recompensa para dividir ese dinero con un presunto cómplice al que los uniformados señalan como su amante.

Fuente: Elsolonline

Caraduras ha habido siempre, y vemos que no conocen de sexos, ya sea hombre o mujer, cualquiera de ellos tiene cerebro suficiente como para idear las argucias más picarescas. Nancy Chucwu, poco podrá culpar a la precaria situación económica que todos atravesamos para justificar su engaño, y es que si antes las mujeres soñaban, o existía el mito de que lo hacían, con un caballero andante que las salvase de un esposo cruel, ahora feminismos aparte, hay féminas que han dado la vuelta al cuento. Nunca mejor dicho lo de “cuento”.

Casarte, gozar unos años, más o menos felices, o en su caso soportar unas pequeñas dosis de infelicidad. Eso sí, disfrutando de los regalos de la vida y sabiendo que, en breve las puertas del paraíso se abrirán para tí. Qué cierto es el dicho de que “las mujeres buenas van al cielo, mientras que las malas van a todas partes”, a juzgar por el plan trazado por Nancy esto de ser una chica mala sale de lo más rentable.  Fingir un secuestro, pedir dinero al tonto de tu marido del que por supuesto ya te cansaste, y de paso, no sólo disfrutar tú, sino hacer que goce de placer tu propio amante. Y no lo decimos en el sentido sexual precisamente.

En el siglo XXI, si todavía quedan hombres mayores que gustan demostrar su poder casándose con jovencitas, también existe su contraparte. Mujeres que saben escoger esposo, normalmente más mayor, aunque no necesariamente así, pero siempre con posibilidades económicas, para luego, convertirse en dueñas y señoras ante un amante exigente y más caradura que ellas que fingen amor para llegar a las arcas del oro del marido de ellas. Y lo peor, es que van ellas y no sólo se dejan, sino que son las que idean el plan. Viva la liberación femenina!

Pero en este caso, no hubo pardillo, o tal vez sí, ella. Y es que el marido, receloso ya, y a saber por qué, lejos de correr en su rescate, y oliéndose el pastel, llamó la policía, pero en este caso, para denunciarla por estar alegando un secuestro falso. A veces, los sinverguenzas se encuentran con la horma de su zapato.


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