Un fósil de metacarpiano nos revela cuándo surgió la destreza humana

El hallazgo de un fósil de hueso metacarpiano tercero nos da una pista de cuándo surgió la destreza en las manos del hombre desvinculándose así del resto de especímenes más torpes en cuanto a manualidades se refiere. Sin embargo, y aunque la destreza humana parece fecharse unos 600.000 años antes de lo previsto, no pone fin a las incógnitas de cómo y por qué. Volvemos a repetir  una historia similar a la del huevo y la gallina. ¿Jugó la necesidad un papel determinante en que el esqueleto adquiriese esa nueva estructura? ¿Cuál fue el detonante o punto de partida?

El descubrimiento de un hueso en una antigua tumba en Kenia data el origen de la destreza manual del hombre más de 500.000 antes de lo que se pensaba. El fósil de 1,4 millones de años fue identificado como hueso metacarpiano tercero y constituye la evidencia más antigua de la evolución humana que permitió a los homínidos primitivos desarrollar destrezas manuales para fabricar y utilizar herramientas.

La pieza hallada presenta una protuberancia que se conoce como apófisis estiloide, que es lo que engancha los dedos a la muñeca y permite realizar movimientos manuales más fuertes y muy precisos.

Los simios y otros primates no humanos carecen de esta característica anatómica, lo que supone una desventaja en la habilidad para manipular objetos.

“Nuestras diestras manos especializadas han estado con nosotros la mayor parte de la historia evolutiva de nuestro género, Homo. Son, y lo han sido por casi 1,5 millones de años, fundamentales para nuestra supervivencia”, dijo Ward.

Fuente: BBC

La máxima defendida en la anatomía es que lo que no se usa, se debilita, se deforma, se pierde.  Por esa razón se investiga como un enigma qué función debió cumplir en su día el apéndice humano, porque de no tener función, no tendría sentido que estuviera ahí. Y también conocen la importancia del uso y el entreno, los deportistas, que viven obsesivos con la sola idea de perder forma y músculo, porque temen que si permanecen un tiempo sin entrenar, perderán fuerza. Todo tiene su por qué, y también la anatomía.

Sin embargo, en el mundo de la ciencia, una y vez, volvemos a tropezarnos con la difícil piedra de la incógnita, y es que cada peldaño que subimos, nos regala varios interrogantes, algunos de ellos que terminan obligándonos a retroceder nuestros pasos como única vía para dotar de respuesta a enigmas posteriores. Nada es seguro en la ciencia, aunque sea una disciplina basada en las inmortales matemáticas y fórmulas numéricas. Precisamente en su inmortalidad reside su complejidad e imposibilidad de hacerle frente.

Ahora conocemos más acerca de la mano, y de cómo se ejecuta la destreza humana en cuanto a este punto se refiere. Sabemos también que somos únicos, en cuanto a especie, que posee esta característica. Pero, la duda sigue ahí: ¿de qué modo, y por qué? ¿Qué motivó a la genética jugar con un nuevo diseño para el cuerpo humano? Próximamente habrá más hallazgos, y más dudas. Pero quién sabe cuándo. A lo mejor dentro de otros 600.000 millones de años.


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