Todavía no lo es, pero poco le falta. Es cuestión de tiempo que Kuzya se convierta en bibliotecario. Por el momento ya ha sido nombrado asistente de biblioteca. Lo más extraño del caso es que el privilegiado que ostenta tal honor es un gato. Si hemos escuchado hablar de “ratón de biblioteca”, ya es hora de que cambiemos el chip. Porque ahora, se le suman los gatos. Y encima, con cargo. Y no se crean ustedes que se trata de una broma, o un apodo de su amantísimo dueño, porque el cargo de Kuzya está oficialmente registrado en la documentación de la biblioteca.

Aunque cuando apareció en las puertas de la biblioteca de Novorossiysk, “Kuzya” se convirtió en la simple mascota del establecimiento, sus magníficas y desconocidas capacidades de trabajo lograron que ascienda a “asistente de bibliotecario” en tiempo récord.

Fuente: Eldiariodecohauila.com

El mundo se divide en distintos grupos de personas en relación a los gatos. Quienes odian a los gatos, sin duda pobre incultos que no han aprendido a apreciar la magia de la vida. Quienes todavía no han tenido el privilegio de cruzarse con un gato que haya decidido adoptarlo (el felino al humano), y quienes adoran, no más que eso, idolatran a los gatos, son quienes han sido adoptados ya por alguno de estos maravillosos animales.

Si bien todos los animales son fabulosos, y dignos de los máximos respetos y admiraciones, además de mimos, en el caso del gato, estos sentimientos se cuadruplican, y es que algo mágico, muy mágico debe tener el gato que ha protagonizado las historias más rocambolescas donde, en cada ocasión, han gozado de un protagonismo inigualable. Muchos autores han apuntado a la incógnita de cómo sería el mundo sin gatos, y el resultado a tal cuestión resulta desolador. Por eso, ¡vivan los gatos!

Es cuestión de belleza, pero también de salud. Gracias a los gatos los ratones andan bien enderezados, y lo mismo las plagas de otros seres dañinos para la salud humana. Y gracias al gato, existe el arte. ¿Qué sería del poeta, el escritor, el literato sin el gato? Hagan cuentas, la inmensa mayoría de escritores y artistas tienen o han tenido, o desearían tener la mágica compañía de un gato. Puede que ni siquiera la noche fuese noche lo mismo sin estos animales maulladores, puede haber noche, pero noche sin luna. Los gatos parecen entender el lenguaje de la luna.

Para gatos artistas, una larga lista se suman al gato bibliotecario, como pro ejemplo, los gatos del Hermitage.  Y es que, además de guardar libros, los gatos saben guardar cuadros y otras obras de arte. Así lo entienden en San Petersburgo, donde en su museo, han contratado a gatos para proteger sus cuadros de los daños que roedores y otros animales podrían causarle. Y otros nobles profesionales son los gatos que habitan en los numeros “cafés con gato” que están proliferando por distintas ciudades, para que quienes no tengan espacio en sus hogares para disfrutar de un minino, pueda hacerlo mientras toma un café.


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