Un helado que brilla cuando se lame

La creación gastronómica y en el mundo de los helados no deja de sorprendernos. A la inmensa variedad de ingredientes con los cuales elaborarse se le van sumando nuevos sabores, y con ellos colores que hacen que este dulce entre no sólo por el paladar, sino ya antes de comerlo lo devoramos con la vista. Pero la creación se niega a imponer barreras, y lo último es un helado que brilla cuando se lame. El motivo de este curioso efecto es que lleva una proteína que es la que da color a las medusas.

“Glow-in-the-dark”, cuya particularidad es que brilla en la oscuridad cuando lo lames.

El alimento, inventado por el empresario británico Charlie Francis -dueño de la heladería “Lick Me I’m Delicious” (“Lámeme Soy Delicioso”)-, fue posible gracias a la sintetización de la proteína que le da su brillo a las medusas.

“Se trata de un helado con extracto de medusa que brilla en la oscuridad, usando proteínas activadas por el calcio que reaccionan cuando se les agita, o para ponerlo en un sentido no científico, cuando lo lames”, explicó Francis en el blog de la compañía.

A ello, agregó que el producto es inofensivo.

Fuente: Elsolonline

No sabemos qué intenciones son las que han llevado a su creador a desear semejante producto ni que beneficios son los que produce ver un helado brillar mientras te lo comes. Dícen que, sencillamente, obedece al gusto por la creación y, efectivamente, a la nueva pasión que ha surgido entre creadores por las mezclas. Y es que el helado que brilla cuando se lame no es el único producto sorprendente que hemos conocido en los últimos meses en el universo del dulce.

El “cronut”, y otros pasteles similares surgidos en Inglaterra y otros rincones entre los cuales la idea ha corrido como la pólvora ya ha conquistado a medio mundo con su peculiar sabor y textura. Y es que, qué mejor cosa que unir las dos cosas que más te gustan en la vida para desayunar o merendar y dar un inmenso placer, casi orgásmico, si es que no ha llegado a serlo, al paladar. En este caso, se trataba de elaborar un dos en uno de croissant y de dónut, los productos de repostería más consumidos y deseados del mundo.

Y al “cronut”, no hicieron sino salirle competidores, de distintos sabores, con nuevos añadidos y formas, y una inmensa agenda llena de solicitudes, ideas y sugerencias para crear nuevos tipos. Casi tantas las ideas como personas que se agolpaban haciendo cola, durante horas para hacerse con el ansiado pastelillo. Y el resultado, decían, merecía la pena.

Nos gusta lo novedoso. Eso ya lo tenemos claro. Pero si con el “cronut” podemos entender el deleite, no sucede lo mismo con el helado que brilla. ¿O sí? Personalmente no me atrae demasiado. Tal vez porque soy poco exhibicionista. Aunque se me ocurre que a los más pequeños, sí que les hará ilusión sustituir los tradicionales globos de las fiestas por un helado que brilla. Bienvenido sea.


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