Un ictus le eliminó la tristeza

He dudado mucho acerca de cómo encarar esta noticia, y cuánto cuidado he de poner en comentarla, y es que leyendo la historia de este hombre británico, uno no sabe si hacerlo con optimismo, o por el contrario, llorar por tan sorprendente suceso. El que sabe seguro que no es motivo para estar triste, o al menos, que no será capaz de sentir tal emoción, es su protagonista. Y es que a sus 68 años, un grave derrame cerebral, le ha incapacitado el lóbulo frontal izquierdo de su cerebro. Es decir, justo la zona que regula el sentimiento de la tristeza.

En declaraciones al diario, explica que él se lo toma como “una ventaja” y que “nunca está deprimido”. Apenas es consciente de que ha perdido esa capacidad y añade que estar triste no le hubiera ayudado, en cualquier caso, a recuperarse tras el derrame cerebral, que sufrió en 2004. Ahora, apunta, da “las gracias” por estar vivo cada mañana y sigue trabajando para recuperarse de otras secuelas, como la pérdida parcial de la memoria a corto plazo. Expertos citados por el diario indican que no es extraño que un ictus afecte a la expresión de los sentimientos aunque sí es raro que el paciente pierda completamente la capacidad para sentir una emoción concreta. Lo más común es que, si se ve afectada esa zona del cerebro, pierdan el control de la expresión de las emociones, con cambios frecuentes de humor, o sean incapaces de percibir los sentimientos en otras personas.

Fuente: Libertad Digital

Esta noticia despierta curiosidad tanto entre los lectores de la misma, como en los propios médicos, pues no habían visto antes que una persona tuviera, aún no sabemos si la suerte, o la desgracia, de perder justo la capacidad de sentir tristeza sin que el resto de emociones se afecten.

A la luz del resultado, a una, que la imaginación le sobrevuela aunque no creo que sea mayor que a los propios científicos, el hecho se le antoja como una oportunidad de investigar más allá en el hallazgo de terapias y métodos para ayudar a las personas que sufren graves trastornos de depresión, y hasta explicaría (únicamente desde mi punto de visto), el motivo de que tantas personas delincuentes o no, vayan por el mundo haciendo daño, incapaces de generar sentimientos de empatía, dolor, tristeza o remordimiento.

Y de hecho, entiendo que algo ya ha apuntado la neurociencia al respecto. El mundo está lleno de personas insensibles, y no hay que irse muy lejos, pues seguro que todos recordamos habernos cruzado en algún momento con uno de estos individuos. No hay que banalizar, pero la repetida queja de “parece que a tí no te afecta nunca nada”, podría tener explicación.

Aunque no siempre es aplicable, el dicho de que “no hay mal que por bien no venga”, parece que se cumple en el caso del Ictus cerebral de esta persona, que podría servir para encontrar soluciones médicas para los cuadros  agudos de depresión y tristeza profunda que sufren millones de personas en todo el mundo.


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