Un joven inglés sobrevive a una caída de 15 pisos en Nueva Zelanda

Tom Stilwell, de 20 años y nacionalidad británica, ha sobrevivido tras caer desde el piso decimoquinto de un edificio en Nueva Zelanda, según informa la cadena británica BBC.

La policía de Nueva Zelanda ha afirmado en un comunicado que “aparentemente, el hombre se quedó encerrado fuera de su apartamento de la planta 14º y cayó al vacío al tratar de entrar en el suyo desde el piso superior, descolgándose por el balcón de su vecino”.

Sus amigos han confirmado a la agencia de noticias local ‘Fairfax Media’ que Stilwell tiene fracturas en varios huesos y daños internos, pero que se encuentra “bien” y que “es un hombre muy afortunado”. Hoy, el británico está despierto e incluso se ríe, aunque no recuerda nada de lo ocurrido. “Tiene buen aspecto”, ha asegurado su compañera de piso, Beth Goodwin, “se ha roto varias costillas y algunos huesos del cuello, pero nada importante”, añade.

La policía ha asegurado que “no hay circunstancias sospechosas en torno a la caída”.

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Esta noticia nos da pie para comentar los efectos desastrosos que el consumo de alcohol tiene en nuestro organismo. No sólo nos puede matar por enfermedades como la cirrosis o el cáncer, sino que al darnos una sensación de euforia, mitiga los efectos del “sentido común” que nos previene de los peligros, lo cual provoca que en estado de embriaguez las personas comentan actos temerarios que nunca llevarían a cabo si estuvieran sobrias.

El caso de este joven inglés parece confirmar la aseveración anterior. Probablemente si Tom hubiera estado sobrio no se le habría ocurrido la peregrina idea de bajar de una planta 15 a la planta 14 descolgándose por la terraza. Es un acto absolutamente temerario de consecuencias muy graves.

Probablemente un 99.9% de las caídas desde una planta 15 acabarían en muerte, porque el choque contra el suelo desde esa altura se produce a gran velocidad y un ser humano no sobrevive a los fuertes traumatismos que siguen al impacto contra el suelo, sobre todo a los traumatismos en el cráneo.

Tom se salvó porque su caída fue amortiguada por un falso techo, pero aún así tuvo que caer más de diez pisos después de chocar con el techo del piso 13 del edificio colindante. En cualquier caso, es un milagro que este joven siga vivo. Seguramente se lo pensará dos veces antes de volver a sacar sus pies por fuera de un balcón.

En España son muy frecuentes las muertes por caídas desde alturas considerables debido al fenómeno del balconismo, “balconing” en inglés,  que consiste en lanzarse desde las terrazas o techos de los hoteles a la piscina. Esos saltos suelen ser de muchos metros, y cuando fallan los cálculos, frecuentemente por culpa del alcohol, los jóvenes que los practican acaban estrellados contra el suelo alrededor de la piscina. Se trata de un tipo de caída que suele acabar en el mejor de los casos con varios huesos rotos.

Desgraciadamente el turismo asociado al consumo de alcohol está muy arraigado entre los jóvenes ingleses, y ese hábito provoca varias muertes al año por caídas desde cierta altura.


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