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Un día, alguien se dió cuenta de lo útiles que podían ser los perros para prestar servicio al hombre más allá de la amistad mutua que el instinto siempre nos antepone. Surgieron los perros lazarillos, que junto a los perros pastores, y los perros policía y bombero, se convertirían en animales de cuatro con patas con reconocimiento y profesión. Entonces dejarían de ser seres inútiles como les consideran algunos incautos. Para Brianna Lynch, una niña irlandesa de tres años que sufre epilepsia, su perro Charlie, un gran dánes de dos años de edad es su ángel de la guarda.

“Es algo que da mucho miedo porque los ataques suelen pasar por la noche. Yo no puedo dormir bien porque soy consciente de lo que puede pasar” señala su madre.
Arabella relata con horror el primer ataque que sufrió su hija, “Se quedó rigida y dejó de resòrar. Por suerte fue resucitada en el hospital”.

Por suerte ahora el gran danés de la familia no se separa nunca de ella y consigue alertar de los ataques que va a sufrir. Las medicinas le tienen que ser administradas a Brianna en los dos minutos posteriores a cualquier ataque para sedarla y salvar así su vida.

Fuente: Antena3

“Mientras tú estés conmigo nunca me pasará nada. Estaré a salvo”. Como si un ángel guardián garantizará la inmunidad más absoluta, los niños, alguna vez hemos sentido esa protección incondicional que nos inspiraba el estar con nuestra mascota, o incluso simplemente el dormir con nuestro muñeco preferido. Eran nuestros anhelos y temores custodiados en las mejores manos, en la de aquéllos que, pese a que puedan ser en ocasiones, mudos y no sepan hablar con palabras, se comunica en algún modo con nuestra alma para hacernos saber que ellos nunca nos dejarán.

Es el amor inocente y puro pero absoluto que los niños depositan en sus mascotas, sus padres y en sus juguetes u objetos más preciados. Sin embargo, en el caso de Brianna, la historia lejos de ser una fantasía es real. Y los padres de la pequeña lo saben. Mientras Charlie, el perro gran danés que, siempre en cada ocasión acompaña a su hija, esté con ella, ellos pueden dormir tranquilos. O al menos, intentarlo. Pero no siempre ha sido así.

Antes de que Charlie llegase a sus vidas, Brianna, que apenas era un bebé estuvo a punto de morir a causa de un ataque epiléptico. Dejó de respirar, y gracias a que llegaron pronto al hospital pudieran resucitarla. Pero la tarea que se les avecinaba no era nada fácil. La niña sufre esta enfermedad que la hace padecer constantes ataques, la mayoría de ellos por la noche. La rapidez es fundamental, y es que es cuestión de minutos el salvarle la vida. En sesenta segundos, la falta de medicación podría poner fin a su historia. Pero allí está Charlie, protegiéndola, y siempre atento para avisar. Él con su sabiduría innata de perro, que los humanos nunca lograremos alcanzar, es capaz de detectar los ataques epilépticos veinte minutos antes de que se produzcan.

 


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