Una célula se apaga porque ya no sirve, ¿Es el envejecimiento necesario entonces?

Que nada sucede por azar en el mundo y en la vida no sabemos si es verdad o sólo una corriente de pensamiento. Pero desde luego, en el organismo sí que se cumple tal idea, y la ciencia acaba de hacer un hallazgo que nos deja en evidencia la inmensa sabiduría de la naturaleza aunque, por otro lado, también viene a romper con uno de los sueños más ansiados y antiguos del hombre. Según una investigación, una célula  se apaga sencillamente porque ya no se usa. Entonces, ¿Sería incompatible la eterna juventud con la propia vida?

Científicos del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) han descubierto que la senescencia, es decir, el apagón de células que dejan de dividirse, no ocurre solo cuando el organismo trata de frenar un cáncer o en el envejecimiento, sino también en el desarrollo embrionario. Es decir, que su función es siempre beneficiosa: eliminar células innecesarias. Su presencia durante el envejecimiento, hasta ahora considera negativa, es en realidad como la de los bomberos en un incendio: están ahí para frenarlo, no son su causante.

La senescencia se presenta, a menudo como un arma de doble filo: a la vez que protege del cáncer, tiene un papel importante en el envejecimiento del organismo. Sin embargo, el trabajo presentado ahora alerta contra la idea simplista de que el envejecimiento es consecuencia de la senescencia.

Fuente: Tendencias 21

El envejecimiento se produce porque nuestras células van muriendo y perdiendo capacidad de regenerarse a medida que cumplimos años. El paso del tiempo gasta nuestras células y, metafóricamente, provoca que éstas se apaguen, dando lugar a que nuestros órganos ya no puedan regenerarse, se gastan y se agotan, o mueren. En principio esto es lo que se pensaba y, de este modo sabiendo que envejecemos porque una célula se apaga, creíamos estar rozando nuestro gran anhelo de la inmortalidad y de la juventud para siempre.

Con el transcurrir de nuevos datos, supimos también que el cáncer tenía mucho que ver precisamente con el desarrollo de células nuevas. Y es que los tumores son causados por el nacimiento y crecimiento descontrolado de células. Esto ya nos ofrecía una importante pista que, tal vez, muchos no supieron, o no quisieron ver. Y es que solapaba con otras investigaciones de resultados ilusionantes que  prometían soñar con un mundo donde, como si fuésemos un electrodoméstico, podríamos seguir rindiendo como el primer día, con un cambio de piezas, esta vez infalible, provocando una regeneración celular. Igual que si fuésemos bebés.

Pero entonces surgió la duda y el problema. ¿Esas terapias antienvejecimiento celular, podrían provocar cáncer? ¿Cómo controlarlo entonces? Cierto es que la ciencia está para dar respuestas y que nadie imagina hasta dónde puede llegar. Tal vez estos límites no sean más que barreras pasajeras que finalmente puedan saltarse, pero a menudo sucede esto. Que la naturaleza es más sabia que nosotros. Todo, absolutamente todo, nace, crece, se desarrolla y muere. Lo contrario es ir contra natura.  Y la naturaleza se burla de nosotros, reclamándonos que la dejemos seguir su curso.


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