La tentación que debe sentir una persona cuando encuentra un tesoro que no es suyo perdido en plena calle debe de ser muy grande. Un fajo de billetes, una joya, un cheque al portador, un boleto premiado. Cualquier cosa que nos genere riqueza nos parecería a muchos caído del cielo, especialmente si estamos necesitados económicamente. Sin embargo hay personas que llevan la honradez por bandera aún en las peores de las circunstancias, como Glen James, un vagabundo de Boston que devolvió a su dueño una mochila con 40.000 dólares.

“Tras escuchar su historia, un hombre decidió premiar su honradez con 200 dólares a través de una página  web, y a su gesto se unieron miles de personas anónimas. En tan solo 24 horas la recaudaciónsumaba 55.000 euros y las donaciones, que ya se encuentran cerca de los 70.000 dólares, aún no han cesado.

El hombre, que perdió su trabajo de dependiente hace ocho años ha declarado que “aunque estuviera desesperado por el dinero, no se hubiera quedado ni con un “penique”

Fuente:  Levante-emv.com

Es difícil imaginar qué haría uno que tranquilamente está leyendo esta noticia en su casa u oficina, con la agradable compañía de un café y la esperanza de una vida, al menos relativamente cómoda, si de repente se encontrase sin trabajo y malviviendo en la calle. Como también sería complicado responder con total sinceridad a qué haríamos nosotros si paseando por un centro comercial, y sin que nadie nos viera, encontrásemos una mochila con una carga, nada menos que de 40.000 dólares. ¿Entregarla a la policía y devolverla a su dueño? ¿Quedárnosla porque, a fin de cuentas, no sabemos a quién pertenece y a nosotros nos hace falta una ayuda divina?

Los milagros en los que el dinero cae del cielo no existe, ¿O sí?  Por desgracia en nuestra sociedad tenemos muchos “sintechos”, y lo que es peor, el número va en aumento. Sin embargo, y pese a pobres, todavía nos queda la honradez. Y la honradez tiene premio, al menos en ocasiones. Especialmente cuando vivimos rodeados de tanto chorizo, se demuestra que en la clase humilde se encuentra la mayor calidad humana. Y así quiso compensar y hacer un poco de justicia el propietario de la mochila, con este señor que llevaba ocho años en paro y viviendo en la marginalidad.

Su honradez merecía una recompensa de 200 dólares. Pero esto sólo para comenzar, y es que al gesto agradecido del dueño de los 40.000 dólares se le sumaron otras personas que, conociendo la historia del vagabundo decidieron voluntaria y solidariamente aportar su granito de arena. Como grano a grano hacen montaña, a estas alturas la pirámide solidaria en favor de Glen James alcanza ya los 70.000 dólares. Y a seguir sumando. Esto sí que es justicia.


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