Vivir con la momia de tu hijo

A cualquier persona medianamente normal eso de vivir con una momia le provoca escalofríos, especialmente si se trata de una momia auténtica y no un objeto decorativo o de atrezzo. Cuánto más si la momia en cuestión es la de tu propio hijo. No obstante, es difícil e injusto juzgar a la gente sin ponernos en su piel. Una mujer georgiana lleva dos décadas viviendo con la momia de su hijo que falleció de sobredosis a la edad de 22 años. Lo más extraño, es que la mujer, además dice que fue el propio hijo quien, en sueños, le reveló cómo conservar el cuerpo.

Asegura que un sueño le reveló como conservar el cuerpo

El hijo de esta mujer georgiana falleció con 22 años por una sobredosis y desde entonces, casi dos décadas, lleva envolviendo el cadáver en unas sábanas empañadas en un alcohol especial que cambiaba día a día.

Fuente: Telecinco.es

Cabe imaginar cuánto dolor debió sentir esta mujer cuando perdió a su hijo siendo apenas un crío, y además hacerlo en unas circunstancias tan dramáticas. Hay un refrán que dice que para juzgar a alguien tienes antes que calzarte sus zapatos y vivir en su propia piel sus emociones, sus sentimientos, soportar su carga, llevar su peso, y sentir el dolor punzante de sus heridas. Y es que, a lo mejor, tú en sus circunstancias hubieras hecho exactamente lo mismo.

Cuando un familiar fallece, a todos nos pasa que nos cuesta despegarnos de su cuerpo, de sus cosas, como si al hacerlo, significase aceptar o sellar que estamos de acuerdo con su marcha. Los psicólogos dicen que hay que despegarse de los recuerdos malos y expulsar sentimientos angustiosos, pues la vida sigue. No obstante, la realidad es dura, los psicólogos no siempre son bien recibidos ni mucho menos escuchados por el alma dolorida.

Un adiós eterno

Esta mujer entrada ya en años, y como se aprecia, no de mucha cultura, se agarró a un clavo ardiendo para mantener a su hijo junto a ella. Y hay que comprenderlo. Vivir con una momia suena tétrico, poco higiénico, estremecedor. Sí, todo eso y más, pero sin embargo, hay que comprenderlo. No en vano, los egipcios creían en la renovación o continuidad de la vida, y la propia religión cristiana, alardea en sus escritos de la resurrección.

A finales del siglo XIX, existía otra costumbre no menos aterradora. Y era fotografiar a los muertos. Eran fotos muy alejadas de las típicas fotos cadavéricas que podemos ver en un tanatorio. Todo lo contrario, eran fotos en muchos casos artísticas, donde los difuntos incluso eran maquillados simulando caras sonrientes. Y todavía es popular eso de exponer el cuerpo de personas fallecidas con el ataúd abierto, con la idea de que las personas que quisieron y admiraron a la persona en vida, puedan darle su último adiós.

La muerte hoy en día es un tema tabú. Pero como dijo Romeo a Julieta en su despedida “Estaría diciendo buenas noches hasta el amanecer”. Y justo es lo que ha hecho esta madre al vivir con la momia de su hijo.


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