¿Y si el Show de Truman fuese una realidad?

Esto es lo que siente algunas personas que sufren de un grave trastorno mental. Y es que la película precursora de unos de los programas de televisión más populares, Gran Hermano, ha calado hondo en la mentalidad de la sociedad. El Show de Truman marcó un hito en la historia televisiva e inauguró una era donde, años más tarde, sería llevada a la pantalla la vida en directo de un grupo de personas anónimas. Una convivencia pública y televisada voluntaria y consentida, pero ¿Qué pensaría usted? ¿le gustaría que un grupo de mirones estuviese observando y opinando, y peor, juzgando sus actos?

“Nada en la vida de Truman es real”, comenta Benjamin, quien vive en la ciudad inglesa de Manchester y trabaja para una empresa de producción.

“Todo el mundo es actor y cada escenario es fabricado por el director. Él es el único que no lo sabe”.

La película captó la imaginación de los aficionados al cine en 1998 y fue nominada a tres Oscar.

Benjamin recuerda que vio el filme con un amigo que le comentó “ese puedes ser tú, y no lo sabrías”.

Jonny Benjamin tiene ahora un videoblog y ha subido unos 40 videos en su sitio, que es seguido por miles de personas. En ellos habla abiertamente sobre las voces que escucha, las dificultades que tiene para conseguir trabajo, además de muchas otras impresiones personales.

El mes pasado recibió el premio Janey Antoniou, que otorga la fundación para enfermedades mentales Rethink, por su lucha contra el estigma y la concientización sobre esquizofrenia y otras enfermedades mentales.

Fuente: BBC

Aunque parezca a juzgar por la oferta televisiva, la verdad es que a nadie le gusta ser vigilado. ¿O sí? Depende de quién nos vigile, podrían pensar algunos. A quienes padecen de un trastorno mental, sea cual sea éste, y trastornos mentales los hay mucho y variados, el simple comentario de un amigo puede dar un giro radical a su vida. Esto es lo que le pasó a Jonny, quién activó en su memoria el convencimiento de estar siendo protagonista de una fantasía donde su vida se convierte en el centro de un universo ávido de cotilleos y análisis de experiencias ajenas.

Al fin y al cabo, unas nociones similares recibimos desde que somos pequeños: “Cuidado con portarte mal que te está viendo el momo, y si eres malo te lleva para comerte”, “cuídate de ser bueno que los Reyes Magos (o Santa Claus) te están mirando y a los niños malos no les traen regalos”, o lo mismo con el ratoncito Pérez.  Cuando un familiar fallece, sabemos que nuestro ser querido nos está viendo desde el cielo, y si somos religiosos, que Dios todo lo ve desde arriba.

Con tantos comentarios acerca de un ser que nos observa y controla nuestros actos y pensamientos más íntimos, no es extraño que al menos estímulo despertemos ese temor engendrado en nuestra mentalidad infantil acerca de que álguien nos está vigilando. Y si contamos por rarezas, a lo mejor los raros de verdad son quienes conscientes y deseosos se presentan a un cásting para que sus vidas se conviertan en fenómeno de interés público en un reality show. Éstos últimos sí que están locos y nos simulan que el Show de Truman, en parte, sí que  es real.


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